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Carolina Uribe, ayuda a las almas con problemas

Estados Unidos es el mayor socio comercial de Perú. En el 2015, nuestros países intercambiaron $14 mil millones en productos. Vendimos maquinaria y cereales a Perú. Desde Perú compramos metales preciosos, nueces, ropa tejida, café y especias.
Pero en 2001, el país de la costa oeste de Sudamérica nos envió un tesoro encarnado en Carolina Uribe. Durante la mayor parte de las últimas dos décadas, ha tocado delicadamente y salvado innumerables vidas locales en silencio. Un modelo de audaz determinación, enseñó lecciones valiosas, aumentó la conciencia sobre los problemas de salud mental y trabajó para desaparecer el estigma, ayudó a las personas que sufren hacia la autoconciencia a través de la exploración de sus sentimientos y defendió la causa de las familias y los inmigrantes.
El mes pasado, Uribe celebró su decimosexto aniversario en el Centro Mattie Rhodes, donde actualmente es consejera de salud mental y facilitadora del programa de intervención de agresiones.
“El trabajo ha sido enriquecedor”, dijo. “Me gusta que tenga la capacidad de ofrecer mis habilidades clínicas y proporcionar servicios de terapia bilingüe a una población muy necesitada”.
Hace dos años, la peruana de 56 años obtuvo una maestría en trabajo social en la Universidad de Missouri-Kansas City. Ahora está completando las horas clínicas requeridas para obtener la licencia. Uribe es Licenciada en Psicología por la Universidad Inca Garcilaso de la Vega de Lima.
Originalmente inició su maestría en la Universidad Nacional de San Marcos. Pero el destino intervino en forma de una crisis financiera nacional. A la edad de 40 años, la vida de Uribe se vio alterada. Perdió su trabajo, ingresos, beneficios y estabilidad cuando el negocio donde trabajó por un largo tiempo cerró. Las oportunidades de empleo se agotaron, incluso para los peruanos con  estudios.
Frente a la siniestra situación, Uribe y su esposo, Gilberto Corahua, perdieron su familia, hogar, amigos y empezaron desde cero en Estados Unidos. Uribe encontró un hogar profesional en el Centro Mattie Rhodes; Corahua como ayudante de maestros en Kansas City. Los estudiantes lo conocen como “Mr. Tito”.
Triunfar sobre una desgracia tan desalentadora ofrece inspiración a la población que Uribe apoya, inspira confianza y le permite superar las diferencias culturales.
“Hay una necesidad de hablar con la gente en su idioma, y ​​como inmigrante, es un privilegio poder conectar con ellos”, indicó.
El propósito de Uribe en la vida es “servir y ayudar a la gente”.  Esto se lo atribuye a la inspiración de su amada madre, Teresa, quién falleció el 14 de septiembre y a Santa Teresa de Calcuta. Teresa era “una persona cuidadosa y cariñosa”, las palabras de Santa Teresa, “El amor es el servicio” proporcionaron un lema a Uribe.
Como defensora de la salud mental, ve parte de su misión en Mattie Rhodes, el crear conciencia pública sobre la salud mental. Es una pieza integral de la salud en general.
“Necesitamos desmentir los mitos”, indicó. “Muchos factores pueden afectar la salud mental, que es importante para el autoestima. Las personas que están preocupadas necesitan saber que no están solas. No tienen que sufrir, existe ayuda, y pueden mejorar. Estoy aquí para ofrecer esa ayuda”.

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Assists troubled souls

By Edie R. Lambert
The U.S. is Peru’s largest trading partner. In 2015, our two countries traded $14 billion in goods. We sold machinery, cereals and grain to Peru. From Peru, we purchased precious metals, nuts, knit apparel, coffee and spices.
But in 2001, the West Coast South American country sent us a living treasure in the person of Carolina Uribe. For the better part of the past two decades, she has tenderly touched countless local lives and quietly saved lives. A model of stouthearted resolve, she’s taught valuable lessons, heightened awareness about mental health issues and worked to dispel the stigma, helped hurting people toward self-awareness through exploring their feelings and championed the cause of families and immigrants.
Last month, Uribe celebrated her 16th anniversary at Mattie Rhodes Center where she’s presently a mental health counselor and facilitator for the center’s batterer intervention program.
“The work has been enriching,” she said. “I like that I have the ability to offer my clinical skills and provide bilingual therapy services to a very needy population.”
Two years ago, the 56-year-old Peruvian native earned a master’s degree in social work at the University of Missouri-Kansas City. She’s now completing the clinical hours required for licensing. Uribe has a bachelor’s degree in psychology from the Inca Garcilaso de la Vega University in Lima.
She originally began pursuing her master’s degree at the National University of San Marcos. But fate intervened in the form of a national financial crisis. At age 40, Uribe’s life was upended. She lost her job, income, benefits and stability when the business of her longtime employer folded. Employment opportunities dried up, even for well-educated Peruvians.
Facing the grim situation head-on, Uribe and her husband, Gilberto Corahua forfeited family, home, friends and familiarity and started from scratch in the U.S. Uribe found a professional home at Mattie Rhodes Center; Corahua as a paraprofessional, assisting teachers in Kansas City.  Students know him as “Mr. Tito.”
Triumphing over such daunting misfortune offers inspiration to the population Uribe serves, inspires confidence and enables her to bridge cultural gaps.
“There’s a need to speak to people in their language, and as an immigrant, it’s a privilege to be able to connect with them,” she said.
Uribe’s avowed purpose in life is to “serve and help people.” For that, she credits her beloved mother, Teresa who passed away Sept. 14 and Saint Teresa of Calcutta. Teresa was “a loving and caring person;” Saint Teresa’s words, “Love is service” provided Uribe’s motto.
A mental health advocate, she sees part of her mission at Mattie Rhodes to build public awareness about mental health; it’s an integral piece of overall health.
“We need to demystify the myths,” she said. “Many factors can affect one’s mental health, which is important for self-worth. People who are troubled need to know that they’re not alone. They don’t have to suffer, there is help, and they can get better. I am here to offer that help.”

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