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Madres benditas, el mensaje evocativo del Papa

En sus comentarios en la plaza de San Pedro del domingo pasado, el papa Francisco persuadió a los católicos a que rezaran el rosario por la paz “como la Virgen de Fátima nos pidió hacerlo”. Fue una referencia oportuna. Esta semana, el Pontífice viajará al pueblo portugués de Fátima para conmemorar el centenario de la aparición del virgen María ante tres niños.
Él presidirá la ceremonia de canonización de dos de los niños, Jacinta y Francisco Marto. Los hermanos tenían siete y nueve años de edad respectivamente, cuando las apariciones de la virgen María ocurrieron del 13 mayo al 13 octubre 1917.
El peregrinaje papal de Fátima coincide con las celebraciones que honran a las madres en gran parte del continente americano. El Papa Francisco, el primer Papa del continente americano, tiene una devoción especial por la Madre Bendita. En su más reciente sermón de Año Nuevo, el Pontífice rindió homenaje a María quien «nos dio un amor de madre» el amor que protege en medio de los problemas.
«Donde hay una madre, hay ternura. Mediante su ternura, María nos demuestra que la humildad y la ternura no son virtudes de los débiles, sino de los fuertes», dijo él.
El Pontífice recordó que «somos un pueblo con una madre» no somos huérfanos. Ella nos enseñó que no tenemos que maltratar a otros para sentirnos importantes, dijo él. Las madres son el antídoto más poderoso al aislamiento y la indiferencia.
«Una sociedad sin madres no sería solamente una sociedad fría, sino una sociedad que ha perdido su corazón… una sociedad sin madres sería una sociedad sin compasión… donde hay una madre, existe unidad, existe pertenencia», dijo el papa Francisco.
Dado su «muy profundo amor» por la Madre Bendita, era de esperarse el reproche del Pontífice hacia Estados Unidos el sábado pasado. Llamar al explosivo no nuclear más grande del arsenal de Estados Unidos «la madre de todas las bombas» es reprensible y equivocado. La palabra madre no debería usarse para describir un arma mortal, dijo el papa Francisco, de acuerdo con múltiples reportes internacionales.
«Sentí vergüenza cuando me enteré», le dijo a su audiencia. «Una madre da la vida, y ésta da muerte, y le llamamos a este aparato una madre. ¿Que está pasando?».
Quizás la amonestación del Papa y su devoción hacia la Madre Bendita y las madres aumentarán la conciencia pública. La palabra madre no pertenece en la jerga militar describiendo una poderosa bomba ni en palabras malsonantes empleadas para insultar.
La madre es un concepto que debe honrarse y celebrarse. No importa si la persona honrada en el Día de las Madres es una madre o abuela biológica, adoptiva o temporal o un pariente. Compartimos con la persona honrada un profundo lazo psicológico.
Las madres dan vida y seguridad. Ellas motivan y apoyan. Ellas consuelan y cuidan nuestras heridas emocionales y físicas. Tradicionalmente, ellas son el corazón del hogar. Ellas se sacrifican por nosotros. Las madres nos demuestran cómo ser adultos productivos y funcionales. Ellas se motivan solamente por el amor, «una condición tan poderosa, puede ser la que impulsa las estrellas en el firmamento», escribió la fallecida poeta Maya Angelou, «esa que empuja la sangre por las venas».


Blessed mothers, the pope’s evocative message

In his remarks in St. Peter’s Square last Sunday, Pope Francis prevailed upon Roman Catholics to pray the rosary for peace “as the Virgin of Fátima asked us to do.” It was a timely reference. This week, the pontiff will travel to the Portuguese village of Fátima to commemorate the centenary of the Virgin Mary’s appearance to three children.
He’ll preside over the canonization ceremony of two of the children, Jacinta and Francisco Marto. The siblings were seven and nine years old, respectively, when the Marian apparitions occurred from May 13 to October 13, 1917.
The papal pilgrimage to Fátima coincides with celebrations honoring mothers across much of the Americas. Francis, the first pope from the Americas, has a special devotion to the Blessed Mother. In his latest New Year’s Day homily, the pontiff paid homage to Mary who “gave us a mother’s warmth,” the warmth that shelters amid troubles.
“Where there is a mother, there is tenderness,” he said. “By her tenderness, Mary shows us that humility and tenderness are not virtues of the weak but of the strong.”
The pontiff reminded that “we are a people with a Mother,” not orphans. She taught us that we don’t have to mistreat others in order to feel important, he said. Mothers are the most powerful antidote to isolation and indifference.
“A society without mothers would not only be a cold society, but a society that has lost its heart … A society without mothers would be a merciless society … While there is a mother, there is unity, there is belonging,” Pope Francis said.
Given his “very deep love” for the Blessed Mother, the pontiff’s reproach to the United States last Saturday was to be expected. Calling the U.S. arsenal’s largest non-nuclear explosive “the mother of all bombs” is reprehensible and wrong. The word mother shouldn’t be used to describe a deadly weapon, Pope Francis said, according to multiple international reports.   
“I was ashamed when I heard,” he told his audience. “A mother gives life, and this one gives death, and we call this device a mother. What is happening?”
Perhaps the pope’s admonition and his devotion to the Blessed Mother and mothers will raise public consciousness. The word mother doesn’t belong in military parlance describing a mighty bomb or in offensive expletives employed to insult.  
Mother is a concept to be honored and celebrated. It doesn’t matter whether the person honored on Mother’s Day is a biological, adoptive or foster mother or a grandmother or other extended family member. We share with the honoree a profound psychological bond.
Mothers give life and security. They encourage and support. They comfort and tend to our emotional and physical wounds. Traditionally, they’re the heart of the home. They sacrifice on our behalf. Mothers show us how to be productive, functioning adults. They’re motivated purely by love, “a condition so powerful, it may be that which pulls the stars in the firmament,” wrote the late poet Maya Angelou, “that which pushes and urges the blood in the veins.”

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