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When natural disaster strikes

August and September delivered two powerful reminders. Natural disasters are indiscriminate, and they tend to bring out the best in us — ordinary people and the rich and famous.
Hurricane Harvey was a Category 4 storm when it hit the Texas Gulf Coast on Aug. 25 and headed east across the Gulf, battering coastal Louisiana. Wind gusts and catastrophic flooding caused widespread destruction of homes and buildings and knocked out power. The storm took the lives of 77 people and displaced more than 30,000. Between Aug. 30 and Sept. 16, Hurricane Irma, at times a Category 5 storm, ravaged several Caribbean islands before heading north-northwest to Florida. It left over 130 dead, millions without power and tens of thousands of homes destroyed.
Puerto Rico escaped the worst of Irma’s effects. But on Sept. 20, Hurricane Maria ravaged the island. The Category 5 storm plowed across the unincorporated U.S. territory with maximum sustained winds of 155 miles per hour and 30-plus inches of rain. It killed at least 30 people, destroyed the electrical infrastructure, disabled communications and left thousands homeless and millions without access to potable water.
The day before, a 7.1 magnitude earthquake shook Mexico City and parts of Puebla and Morelos. The quake and aftershocks toppled buildings trapping hundreds of people, left at least 369 dead, injured more than 6,000 and badly damaged or destroyed as many as 200 buildings.
On Oct. 8, a new series of wildfires broke out in Northern California. At least 21 people have died, and 150 are missing. Fires have destroyed 100,000-plus acres and at least 1,500 homes and buildings. Thousands of residents are evacuating.
The casualties and survivors demonstrate the impartiality of chance. A natural disaster is an equal opportunity assailant, striking randomly without regard to class or social status, ethnicity, age, race, religion or gender. Human response has shown time and again that people take action, despite everything, and rise to the occasion.
Extensive news coverage has shown extraordinary acts of courage by ordinary people and thoughtful acts of generosity by people across the U.S. and elsewhere and by the rich and famous. Volunteer groups nationwide rallied to the affected areas and took part in rescue and recovery efforts. Volunteers joined professional search and rescue teams to dig people out of collapsed buildings in Mexico. Rotary Clubs have raised funds for hurricane relief and transported supplies to stricken areas.
In Florida, millionaire Marc Bell invited 70 foster children left homeless by Hurricane Irma to stay in his Boca Raton mansion. There, “an army of volunteers” made the traumatized kids comfortable and provided “one-on-one” attention and support. Popular rapper Pitbull (whose real name is Armando Perez) sent his private plane to Puerto Rico to transport cancer patients to the U.S. Without electrical power, diesel needed to keep patients on life support systems was running low.
Celebrated Spanish-American chef José Andrés, with the help of volunteers has set up temporary kitchens to feed survivors in Puerto Rico. As of Oct. 10, they’d served more than 350,000 meals. Andrés’s goal is to feed 100,000 people daily.
It’s a blessed phenomenon worthy of informing our everyday behavior. In times of crisis, we don’t look at each another as African-American, Asian, European or Hispanic; rich or poor; different; or worthy or unworthy. We see fellow creatures in need. And we’re touched, in the words of Abraham Lincoln, “by the better angels of our nature.” 




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Cuando golpea un desastre natural

Los meses de agosto y septiembre entregaron dos recordatorios poderosos. Los desastres naturales no discriminan, y tienden a sacar lo mejor de nosotros -la gente ordinaria y los ricos y famosos.
El huracán Harvey fue un huracán categoría 4 cuando afectó la costa del golfo de Texas el 25 de agosto y se dirigió al este, afectando el estado costero de Louisiana. La corriente del viento y las inundaciones catastróficas causaron destrucción a casas y edificios y derribaron suministros eléctricos.
La tormenta cobró la vida de 77 personas y desalojó a más de 30,000. Entre el 30 de agosto y el 16 de septiembre, el huracán Irma, que en momentos fue una tormenta categoría 5, destrozó varias islas del Caribe antes de dirigirse al norte -noroeste de Florida. Dejó 130 muertos, millones sin electricidad y decenas de miles de casas destruidas.
Puerto Rico se escapó de lo peor de los efectos de Irma. Pero el 20 de septiembre, el huracán María destruyó la isla. El huracán categoría 5 surcó el territorio no incorporado de Estados Unidos con máximos vientos sostenidos de 155 millas por hora y más de 30 pulgadas de lluvia. Mató a por lo menos 30 personas, destruyó la infraestructura eléctrica, deshabilitó las comunicaciones y dejó a miles de damnificados y millones sin acceso a agua potable.
Un día antes, un terremoto de 7.1 de magnitud sacudió a la ciudad de México y partes de los estados de Puebla y Morelos. El terremoto y los temblores secundarios desplomaron edificios que atraparon a cientos de personas, dejando por lo menos 369 muertos, lesionaron a más de 6,000, y dañaron gravemente o destruyó más de 200 edificios.
El 8 de octubre, una nueva serie de incendios forestales se desataron al norte de California. Por lo menos hay 21 muertos y 150 desaparecidos. Los incendios han destruido más de 100,000 acres y por lo menos 1,500 viviendas y edificios. Miles de residentes están desalojados.
Las víctimas y los sobrevivientes demuestran la imparcialidad de lo posibilidad. Un desastre natural es un asaltante de igualdad de oportunidad, afectando al azar sin importar estatus de clase o social, grupo étnico, edad, raza, religión ni género. La respuesta humana ha demostrado una vez más que la gente toma acción, a pesar de todo, y se pone a la altura de las circunstancias.
La extensa cobertura noticiosa ha demostrado extraordinarios actos de valor por personas ordinarias y actos de generosidad por gente por todo Estados Unidos y en otras partes, y por los ricos y famosos. Los grupos de voluntarios a nivel nacional se congregaron hacia las áreas afectadas y tomaron parte en esfuerzos de rescate. Grupos de voluntarios unieron equipos de búsqueda y rescate profesional para rescatar a personas de los edificios derrumbados en México. Los clubes rotarios han recaudado fondos para la ayuda del huracán y transportado provisiones a las áreas afectadas.
En Florida, el millonario Marc Bell invitó a 70 niños adoptados que se quedaron sin hogar a causa del huracán Irma a permanecer en su mansión en Boca Ratón. Allí, «un ejército de voluntarios» hizo que los niños traumatizados se sintieran cómodos y proporcionaron atención y apoyo individual. El popular rapero Pitbull (cuyo nombre real es Armando Pérez) envió su avión privado a Puerto Rico para transportar a pacientes de cáncer hacia Estados Unidos. Sin suministro eléctrico, se estaba agotando el diésel necesario para mantener a los pacientes en sistemas de mantenimiento artificial de vida.
El celebrado chef español americano José Andrés, con la ayuda de voluntarios ha colocado cocinas temporales para alimentar a los damnificados en Puerto Rico. Hasta el 10 de octubre, han servido más de 350,000 comidas. La meta de Andrés es alimentar a 100,000 personas diariamente.
Esto es un fenómeno bienaventurado digno para informar a nuestra conducta diaria. En momentos de crisis, no nos miramos como africanos americanos, asiáticos, europeos o hispanos; ricos o pobres; diferentes, o dignos o indignos. Miramos a criaturas en necesidad, y nos afecta, en las palabras de Abraham Lincoln, «mediante los mejores ángeles de nuestra naturaleza».

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