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Heart Failure . . . and Success




Heart failure is becoming more and more common. Nearly 6 million Americans are suffering from it today. That figure will grow to more than 8 million by 2030.
The condition exerts an enormous toll on patients, their families, and the economy. Fortunately, medical research has yielded new technology that can help people with heart failure live healthier, fuller lives — and reduce overall healthcare costs. It’s time to fully deploy that technology. 
Heart failure occurs when a person’s heart struggles to pump blood. This deprives the body of oxygen and nutrients, which can make performing even basic daily activities — like walking or climbing the stairs — difficult.
Heart failure hospitalizes more than 1 million Americans annually. About half are back in the hospital within six months of diagnosis; the average stay lasts five days.
That’s a huge burden for patients — and for caregivers, who may not live nearby and thus may have to miss work. In total, the condition costs the U.S. more than $30 billion every year.
The standard treatment regimen for heart failure — take medication, reduce salt intake, and stay active — has been in place for years. But it has never been truly effective, largely because it’s complicated and difficult for patients to follow.
Consider medication. Some drugs do help patients. But three-quarters of patients don’t consistently take their medications as instructed. More than one in four never fill a new prescription. And doctors sometimes don’t prescribe all the medication that’s recommended.
Advising patients to eat less sodium is ineffective, too. Do you know how much sodium you consume? Neither do patients. Ninety-seven percent of Americans underestimate — or don’t feel confident estimating — the amount of sodium they eat each day.
As for exercise, many patients don’t have the time, resources, or social support to get in recommended workouts.
In other words, the status quo for treatment of heart failure isn’t working. But medical researchers are changing that by developing technologies that can help physicians more effectively monitor and treat heart failure — and improve patients’ quality of life.
Consider one device that measures the heart activity of cardiac patients during rehabilitation training. The smartphone-sized unit helps ensure that workouts are at a safe intensity level and duration. Clinicians can immediately determine if a patient’s heart rate is becoming too fast or irregular. The device is demonstrated to improve the health and recovery of heart failure patients.
Researchers at Harvard University are toying with a wearable device that can monitor ankle swelling — a common symptom of worsening heart failure. That could help ensure patients seek medical attention before a major problem occurs.
Or consider an innovation I helped develop at Abbott. The CardioMEMS HF system enables doctors to proactively monitor patients’ pulmonary artery pressure and heart rate remotely. So clinicians can detect worsening heart failure before a patient even feels symptoms and adjust medications accordingly. That helps keep patients out of the hospital.
Indeed, research published in the Journal of the American College of Cardiology last year showed that hospitalizations for heart failure declined 46 percent in patients six months after receiving the device. Based on Medicare claims data, average healthcare costs per patient were $10,500 lower than in the six months before the implant.
Traditional treatment for heart failure is, itself, failing. We can achieve far greater success by embracing new technology that can better monitor and treat heart failure.
 Philip B. Adamson, M.D., is a cardiologist, heart failure specialist and medical director at Abbott (www.abbott.com).


Insuficiencia cardíaca… y éxito

La insuficiencia cardíaca es cada vez más común. Hoy en día, casi 6 millones de estadounidenses la padecen. Esa cifra crecerá a más de 8 millones en 2030.
La condición tiene un costo enorme en los pacientes, sus familias y la economía. Afortunadamente, investigaciones médicas han dado como resultado nuevas tecnologías que pueden ayudar a las personas con insuficiencia cardíaca a llevar una vida más saludable y completa, y reducir los costo generales de atención médica. Es hora de implementar completamente esa tecnología.
La insuficiencia cardíaca ocurre cuando el corazón de una persona tiene problemas al bombear sangre. Esto priva al cuerpo de oxígeno y nutrientes, lo que puede dificultar la realización de actividades básicas, como caminar o subir escaleras.
La insuficiencia cardíaca hospitaliza a más de un millón de estadounidenses por año. Alrededor de la mitad están de vuelta en el hospital dentro de los primeros seis meses del diagnóstico; la estadía promedio dura cinco días. Esa es una gran carga para los pacientes, y para los cuidadores, que puede que no vivan cerca y tengan que ausentarse en el trabajo. En total, la condición le cuesta a Estados Unidos más de $30 mil millones cada año.
El régimen de tratamiento estándar para la insuficiencia cardíaca (tomar medicamentos, reducir el consumo de sal y mantenerse activo) ha estado vigente durante años. Pero nunca ha sido realmente efectivo, en gran parte porque es complicado y difícil de seguir para los pacientes.
Considere los medicamentos. Algunas drogas sí ayudan a los pacientes. Pero las tres cuartas partes de los pacientes no toman sus medicamentos como se les indica. Más de uno de cada cuatro nunca pide una nueva receta. Y los médicos a veces no recetan todos los medicamentos que se recomiendan.
Aconsejar a los pacientes a comer menos sodio también es ineficaz. ¿Sabe cuánto sodio consume? Tampoco lo saben los pacientes. El 97 por ciento de estadounidenses subestima, o no se sienten confiados al estimar, la cantidad de sodio que comen cada día.
Y en cuanto a hacer ejercicio, muchos pacientes no tienen el tiempo, los recursos o el apoyo social para realizar los ejercicios recomendados.
En otras palabras, el status quo para el tratamiento de insuficiencia cardíaca no está funcionando. Pero investigadores médicos están cambiando eso al desarrollar tecnologías que puedan ayudar a los médicos a monitorear y tratar con más eficacia la insuficiencia cardíaca, y así mejorar la calidad de vida de los pacientes.
Considere un dispositivo que mide la actividad cardíaca de los pacientes cardíacos durante entrenamientos de rehabilitación. La unidad del tamaño de un teléfono inteligente ayuda a garantizar que los entrenamientos tengan un nivel de intensidad y duración seguros. Los médicos pueden determinar de inmediato si la frecuencia cardíaca de un paciente se está volviendo demasiado rápida o irregular. Se ha demostrado que el dispositivo mejora la salud y recuperación de los pacientes con insuficiencia cardíaca.
Investigadores el la Universidad de Harvard están considerando un dispositivo portátil que puede monitorear la inflamación del tobillo, un síntoma común de empeoramiento de la insuficiencia cardíaca. Eso podría ayudar a asegurar que los pacientes busquen atención médica antes de que ocurra un problema más grave.
O considere una innovación que ayude a desarrollar en Abbott. El sistema CardioMEMS HF permite a los médicos a monitorear de forma proactiva la presión arterial pulmonar y la frecuencia cardíaca de los pacientes de forma remota. Así, los médicos pueden detectar un empeoramiento de la insuficiencia cardíaca incluso antes de que el paciente sienta síntomas y ajustar los medicamentos como se requiera. Eso ayuda a mantener a los pacientes fuera del hospital.
De hecho, la investigación publicada en el Journal of American College of Cardiology el año pasado mostró que las hospitalizaciones por insuficiencia cardíaca disminuyeron en un 46 por ciento en pacientes seis meses después de recibir el dispositivo. Según los datos de reclamaciones de Medicare, los costos promedio de atención médica por paciente fueron $10,500 más bajos que en los seis meses anteriores al implante.
El tratamiento tradicional para la insuficiencia cardíaca, en sí, está fallando. Podemos lograr un éxito mucho mayor al adoptar una nueva tecnología que pueda monitorear y tratar mejor la insuficiencia cardíaca.
Philip B. Adamson, M.D., es un cardiólogo, especialista en insuficiencia cardíaca y director médico de Abbott (www.abbott.com).

 




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