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Future defined by quality of education

Thousands of K-12 students in California are out of school this week though some of their schools are open. Their teachers, who have been working without a contract for more than a year, are on strike. On Monday, 31,000 teachers walked off the job in Los Angeles Unified School District’s 900 schools after negotiations with district officials broke off without an agreement.
The teachers want smaller class sizes; lower class size maximums for language arts and math classes; additional counselors, nurses and librarians; and higher pay. District officials insist meeting their demands would bankrupt the system. Union leaders accuse the district of withholding funds.
The impasse is upsetting lives, costing the L.A. school district millions of dollars a day and compelling teachers to leave education amid an already critical teacher shortage. Districts across the country are vainly trying to find and keep good teachers.
About a third of L.A. district’s students, most of which are low-income, have stayed home, uncertain what to expect at school with substitute teachers and district officials presiding over classrooms. That puts parents in a bind. They must choose between missing work to care for their kids or finding and paying for childcare. Because the students aren’t attending school, it’s costing the district millions in state funding.
The Los Angeles strike is the latest of several teacher walkouts over the past year. Educators in Arizona, Colorado, Kentucky, Oklahoma and West Virginia walked off the job at various times. They had an array of demands, such as increased funding for education, improved school conditions, smaller class sizes, better support for English language learners and improved wages and benefits.
A teacher on the picket line on Tuesday in Los Angeles held a sign printed in bold red block letters. It read, “FUND THE FUTURE.”
As a nation, as communities, our future lies in our children. Therein, reality comes up against an inconvenient truth. Educating them is our responsibility. How serious are we about our future and the health of American education? As in most things, the adage, “you get what you pay for” applies. If we fail to adequately and fully support K-12 public school funding and teachers, we’re doomed.  

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Futuro definido por la calidad de educación

Miles de estudiantes de K-12 en California no están pasando clases esta semana, aunque algunas de sus escuelas están abiertas. Sus maestros, que han estado trabajando sin contrato por más de un año, están en huelga. El lunes 31,000 maestros abandonaron el trabajo en 900 escuelas del Distrito Escolar Unificado de Los Ángeles después de que las negociaciones con los funcionarios del distrito se rompieran sin ningún acuerdo.
Los maestros quieren clases más pequeñas, máximos de clase más bajos para las clases de artes de lenguaje y matemáticas, consejeros, enfermeras y bibliotecarios adicionales, y mayor paga. Los funcionarios del distrito insisten en que cumplir con sus demandas pondría en bancarrota al sistema. Los líderes sindicales acusan al distrito de retener fondos.
El impasse está perjudicando vidas, costándole al distrito escolar de Los Ángeles millones de dólares al día y obligando a los maestros a dejar la educación en medio de una escasez de maestros que ya es crítica. Los distritos de todo el país intentan en vano encontrar y mantener buenos maestros.
Alrededor de un tercio de los estudiantes del distrito de Los Ángeles, la mayoría de los cuales son de escasos recursos, se han quedado en casa, sin saber qué esperar en la escuela con maestros sustitutos y funcionarios del distrito presidiendo las aulas. Eso pone a los padres en un aprieto. Deben elegir entre faltar al trabajo para cuidar a sus hijos o encontrar y pagar por alguien que los cuide. Debido a que los estudiantes no asisten a la escuela, le está costando al distrito millones en fondos estatales.
La huelga en Los Ángeles es la última de varias huelgas de maestros en el último año. Educadores en Arizona, Colorado, Kentucky, Oklahoma y West Virginia abandonaron el trabajo en varias ocasiones. Tenían una gran variedad de demandas, como mayor financiamiento para la educación, mejores condiciones escolares, clases más pequeñas, mejor apoyo para los estudiantes del idioma inglés y mejores salarios y beneficios.
Un maestro en la línea de piquete el martes en Los Ángeles sostenía un cartel impreso en negrita con letras mayúsculas. Decía, “FINANCIEN EL FUTURO”.
Como nación, como comunidades, nuestro futuro yace en los niños. En esto, la verdad se topa con una verdad inconveniente. Educarlos es nuestra responsabilidad. ¿Qué tan serios somos respecto a nuestro futuro y la salud de la educación estadounidense? Como en la mayoría de las cosas, se aplica el dicho, “obtienes lo que pagas”. Si no apoyamos de manera adecuada y completa el financiamiento de las escuelas públicas K-12 y los maestros, estamos condenados.




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