Divulgando la cultura en dos idiómas.

Jorge Ramos Column: This Isn’t Normal 08.23.18

“Look, Ramos,” the woman said to me. She’d recognized me as the guy from TV as we waited for an elevator, and she had something to get off her chest. “I don’t watch the news anymore because all they do is talk about Donald Trump. I’m sick and tired of it. Please change the subject.”
I wanted to tell her I was sick of it too. I wanted to explain that journalists don’t create the news, we simply report it. I wanted to say that when President Donald Trump says something insulting, or lies, or makes a completely ridiculous allegation, journalists like me have no other option but to cover it. After all, Trump is the leader of the most powerful country in the world.
But the elevator arrived. I was going down, and she was going up. I thanked her for her honesty, and we quickly said goodbye.
Later I kept thinking about what she had said. She was right in pointing out that most news cycles revolve around Trump. But the primary reason is that so much of what Trump does and says is not normal.
For instance, it isn’t normal for a democratically elected president to call a former adviser a “dog.” But that’s exactly what Trump did with Omarosa Manigault Newman, whose new book, and the revelation that she had secretly recorded the president, have left Trump more ruffled than usual.
In response, Trump fired off some chauvinistic tweets about Manigault Newman to his 53 million followers. This is plainly the same person we heard in that Access Hollywood video claiming he could grab women “by the pussy” because he was famous. This is not normal, or even close.
Nor is it normal for the president of the United States to be making racist remarks. But Trump has, from likening Mexican immigrants to criminals and rapists to reportedly asking why the U.S. needs immigrants from “shithole countries” like Haiti and several African nations.
Sadly, Trump has normalized this kind of hatred in the United States. When he launches verbal attacks against minorities and immigrants, nothing prevents many of his followers and supporters from doing exactly the same. Not surprisingly, the number of hate groups in America rose from 917 in 2016 to 954 last year, according to the Southern Poverty Law Center.
Since Trump announced that he was running for president in 2015, he has voiced his prejudice against immigrants. He has said, in many tweets, that he is against the policy of family reunification, or what he calls “chain migration.” This procedure is completely legal and has been a success for decades, allowing immigrants to bring their closest relatives, like their parents and children, to the United States.
Ironically, Melania Trump’s parents just benefited from our “chain migration” policy. Viktor and Amalija Knavs’ lawyer, Michael Wildes, told The New York Times that Melania Trump had sponsored her Slovenian parents in order for them to obtain permanent residency. After complying with all the requirements, they became citizens. It was all legal.
It’s OK for his son’s grandparents to do it, but Trump doesn’t want other immigrants obtaining residency this way. Consistency, after all, is not Trump’s forte.
Trump is the de facto spokesman for a white population that feels anxious and threatened by the huge demographic changes taking place in the United States. By about 2044, every ethnic group in the United States will be a minority, and there’s absolutely nothing wrong with that. But the unease and the insults emanating from Trump and many of his followers reflect a segment of our society that is terrified of losing power, cultural influence and jobs. Diversity, accented speech and different skin colors scare them.
Rather than easing this fear, Trump feeds it. After all, that’s how he became the president, and he’s not going to switch strategies now. His plan for getting elected again in 2020 is exactly the same as it was in 2016: Pursue the support of anyone who feels threatened by change, and launch vicious attacks against anyone who opposes him. Trump is the Bully in Chief.
No, it isn’t normal for American presidents to make sexist, racist and xenophobic remarks. It isn’t normal for them lie so much it puts Pinocchio to shame. And keeping silent about it would make us his accomplices.
I wish I had had the time to explain this to the woman waiting for the elevator. How can we not report it?


No Es Normal

La señora tenía razón. Me la había encontrado antes de tomar un elevador, y cuando se dio cuenta de que era el que salía en la tele, se desahogó: “Mira Ramos”, me dijo, “yo ya no veo las noticias porque se la pasan hablando todo el tiempo de Donald Trump. Estoy harta. Harta. Ya cambia de conversación, por favor”.
Quería decirle que yo también estoy harto. Quería explicarle que no nos inventamos las noticias, que sólo las reportamos. Y que si Trump dice alguna barbaridad, miente, insulta a alguien o propone algo totalmente disparatado, los periodistas no tenemos más remedio que cubrirlo. Después de todo, es el líder del país más poderoso del mundo.
Pero llegó el elevador. Yo bajaba, ella subía. Le di las gracias por su honestidad y nos despedimos a las carreras.
Me quedé pensando en lo que me dijo. Y tengo que reconocer que Trump domina muchos ciclos de noticias. ¿Por qué? Porque lo que hace Trump no es normal.
No es normal que un Presidente elegido democráticamente le llame “perro” a una de sus ex-asesoras. Pero eso es exactamente lo que hizo Trump con Omarosa Manigault Newman, a quien despidieron de la Casa Blanca y cuyo libro — y grabaciones secretas con el Presidente — tiene a Trump más que despeinado.
El insulto presidencial — a través de su cuenta de Twitter con 53 millones de seguidores — está cargado de machismo. Se nota que es la misma persona que se escucha en un video del programa Access Hollywood diciendo que podía agarrar a las mujeres de sus genitales sólo porque él era famoso.
Tampoco es normal que el Presidente de Estados Unidos haya hecho comentarios racistas. Pero van cargadas de racismo sus declaraciones (en el verano del 2015) asegurando que los inmigrantes mexicanos son criminales y violadores, y sus más recientes espasmos de odio donde aparentemente dijo que los inmigrantes de Haití y África venían de “países de mierda”.
Trump ha normalizado el odio en Estados Unidos. Si el Presidente agrede verbalmente a minorías e inmigrantes, nada detiene a muchos de sus seguidores y votantes a hacer exactamente lo mismo. Por eso no sorprende que el número de grupos de odio haya aumentado de 917 en 2016 a 954 en el 2017, según el Southern Poverty Law Center.
Desde que lanzó su candidatura presidencial, Trump ha descargado sus prejuicios contra los inmigrantes. En varios tuits ha dicho que se opone a la reunificación familiar, o lo que él llama “migración en cadena”. Este es un proceso perfectamente legal y con décadas de éxito que permite a un inmigrante traer a Estados Unidos a sus familiares más cercanos, padres e hijos.
Irónicamente, los padres de su esposa, Melania, se acaban de beneficiar de esa “migración en cadena”. Michael Wildes, el abogado de Viktor y Amalija Knavs, originarios de Eslovenia, le explicó al diario The New York Times que Melania Trump patrocinó a sus padres para que obtuvieran la residencia permanente y luego, tras cumplir los requisitos, se convirtieron en ciudadanos estadounidenses. Y todo fue legal.
Bueno, eso que hicieron los abuelos de su hijo Barron es lo que Trump no quiere que hagan otros inmigrantes. No, la congruencia no es el fuerte de Trump.
Trump es, en realidad, el vocero de una población blanca que se siente angustiada y amenazada por los enormes cambios demográficos que está viviendo Estados Unidos. Sí, es cierto que para el 2044, más o menos, todos los grupos étnicos de Estados Unidos serán minorías. No hay absolutamente nada malo en eso. Pero los insultos de Trump y de muchos de sus seguidores son reflejo de una parte de la sociedad que teme perder poder, influencia cultural y trabajos. La diversidad, los acentos y el color les asusta.
Trump, lejos de calmar esos miedos, los incita. Después de todo, así llegó a la presidencia. Y no va a cambiar de estrategia. Su apuesta para ganar la reelección en el 2020 es exactamente la misma: buscar el apoyo de los que se sienten amenazados por los cambios en Estados Unidos y atacar virulentamente a sus oponentes. Trump es el “bully in chief”.
No es normal que el Presidente de Estados Unidos haga comentarios sexistas, racistas y xenofóbicos. No es normal que Trump mienta más que Pinocho.
Y quedarnos callados sería ser sus cómplices.
Señora ¿cómo no reportar todo esto?

 

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