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Divulgando la cultura en dos idiómas.

AMLO, los videos y los fraudes




By Jorge Ramos

Por un momento dejemos en paz a los muertos por la pandemia y la violencia en México. Habrá tiempo de hablar de ellos. Concentrémonos, como desea el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, en la corrupción y los fraudes que han plagado los últimos sexenios.
Su diagnóstico es correcto: la corrupción corroe la democracia, detiene el crecimiento económico y aumenta las desigualdades sociales. Y me parece extraordinario que, por fin, un Presidente esté dispuesto a hablar del tema. Pero también debe hacer algo al respecto; en principio dejar claro que el combate contra la corrupción no sólo a políticos opositores, sino a todos, incluidos miembros de su gobierno, o su propio hermano, protagonista reciente de un video en el que aparece recibiendo dinero.
Hablemos del otro video antes. Una grabación subida clandestinamente a YouTube —y presentada por AMLO en una de sus Mañaneras— muestra a dos exempleados del Senado, que trabajaban para representantes del Partido Acción Nacional, recibiendo fajos de billetes. El dinero que venía en maletas era, supuestamente, para que los entonces senadores votaran por una polémica reforma energética aprobada durante el gobierno de Enrique Peña Nieto. “Es bastante fuerte”, dijo el Presidente al presentar el video, “muestra la inmundicia del régimen de corrupción que imperaba”.
El video es impactante por la normalidad con que los dos hombres cuentan el dinero —como si fuera cosa de todos los días— y por lo fácil que fue grabar todo el proceso. (¿Nunca se dieron cuenta de que los estaban grabando?) Pero es imposible de ver sin que se enmarque en el caso del momento.
El exdirector de Petróleos Mexicanos (Pemex), Emilio Lozoya, fue recientemente extraditado a México investigado por corrupción durante el sexenio pasado. Aunque no hay manera de saber si el video forma parte del material que le entregó a la Fiscalía General de la República, lo cierto es que en las últimas semanas la corrupción ha dominado la agenda política del país. En su denuncia penal, filtrada a la prensa, Lozoya acusa de corrupción y tráfico de influencias a 16 políticos y exfuncionarios (incluyendo tres expresidentes) que antes eran considerados intocables.
El fiscal general, Alejandro Gertz Manero, dijo hace poco que —basado en declaraciones hechas por Lozoya— unos 18 millones de dólares provenientes de la empresa Odebrecht se repartieron como sobornos entre legisladores y senadores mexicanos para comprar sus votos, y que otros cuatro millones y medio de dólares se destinaron para la campaña electoral de 2012 que puso a Peña Nieto en la presidencia.
Esto es importantísimo. Nunca en la historia de México un expresidente ha sido enjuiciado o encarcelado por corrupción o fraude electoral. Nunca. Y eso que tenemos muchos fraudes de que hablar.
López Obrador está convencido que perdió la presidencia en las elecciones de 2012 y 2006 por dos fraudes electorales. En su momento, lo entrevisté después de ambas ocasiones.
Semanas después de las votaciones de julio de 2006, le pregunte por el modo en el que creía que se había efectuado el fraude en que perdió frente a Felipe Calderón. “Podemos hablar de dos momentos”, me explicó. Primero fue “todo lo que significó la falta de equidad antes de la elección: el manejo inequitativo en espacios de radio y televisión, el uso del dinero […], la intervención del Presidente [Vicente Fox], la guerra sucia”. Y luego la trampa. “El fraude está en la falsificación de actas. Hay un número determinado de actas que están falsificadas en donde hay más votos que boletas. […] Un millón y medio [de votos]. Probado”.
¿Y cómo fue el fraude en que perdió frente a Peña Nieto en 2012?, le pregunté en una entrevista de 2017. “Compraron votos”, me dijo. “Cinco millones de votos. Lo impusieron. No les alcanzó con la publicidad. Porque a Peña Nieto lo fueron inflando. Es un fenómeno mediático que le ha costado muchísimo al país. Un personaje vacío. Lo introdujeron al mercado como se introduce un producto chatarra”.
Y si López Obrador quiere investigar los fraudes que le evitaron llegar a la presidencia en 2006 y 2012, no estaría mal que también le echara un ojo al monumental fraude electoral de 1988 que le dio la presidencia al priista Carlos Salinas de Gortari. “Estamos convencidos de que hubo fraude en 1988 el 99 por ciento de los mexicanos”, me dijo Cuauhtémoc Cárdenas, el candidato al que le arrebataron la presidencia, poco después. Basta que López Obrador le pregunte qué pasó en ese año a Manuel Bartlett, uno de sus principales colaboradores, quien estuvo a cargo de esa elección como secretario de Gobernación y para muchos es el responsable de la famosa “caída del sistema” que culminó con una nueva victoria del Partido Revolucionario Institucional. Es una incongruencia enorme del Presidente quejarse de fraudes electorales y, al mismo tiempo, tener a Bartlett en su gobierno.
También sería bueno que investigara los videos —que el periodista Carlos Loret de Mola publicó en el portal Latinus.us— en que aparece su hermano, Pío López Obrador, recibiendo bolsas de papel con dinero en efectivo en 2015. Según el mismo presidente, en su conferencia de prensa del viernes, “la gente cooperaba” con recursos para apoyar a su movimiento (aunque en ese momento Morena ya era un partido político). AMLO dijo no saber quién específicamente dio ese dinero ni si fue registrado ante el Instituto Nacional Electoral. Bueno, en honor a la verdad y para ser parejo con todos, el Presidente debe investigarlo y reportarlo. No puede hacerle caso al video del dinero de otros partidos y olvidarse de los videos del propio.
Es fundamental para la sobrevivencia de toda democracia que se aclaren los principales crímenes y fraudes del pasado. México no puede seguir siendo el país de la impunidad. No le pasa nada al que roba a un ciudadano en un camión a punta de pistola ni tampoco a los grupitos de políticos, empresarios y comunicadores que han robado dinero público o elecciones presidenciales.
Urge una comisión de la verdad y de la memoria, transparente, efectiva y sin partidismos. Pero, más que nada, se necesita un sistema de justicia independiente en el que se pueda confiar y sin afiliación partidista. Aún hay que probar los delitos e irregularidades que se sugieren con los videos y en la declaración de Lozoya.
No es normal entregar dinero en maletas o en bolsas de papel. Si de verdad López Obrador quiere luchar contra la corrupción —contra toda—, esta es una extraordinaria oportunidad para demostrarlo. Ojalá no se quede corto. Ojalá que sea parejo. Ojalá no nos falle.

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