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Divulgando la cultura en dos idiómas.

Retrato vivo del Día de las Madres: Helen M. Méndez




Mendez

En 1938, una campesina de Turner Kansas reunió a los niños en el vecindario Argentine que estuvieran  dispuestos a cosechar vegetales. Su nombre era Blanche, Helen M Méndez, de Martínez recuerda 84 años más tarde.
Helen, quien tenía seis años de edad, se anotó con sus amigos para cosechar rábanos por medio día por 0.50 centavos. Ella quería el dinero para comprar un  regalo del Día de las Madres, el cual ella compró en la tienda del vecindario y lo envolvió utilizando periódico o páginas arrancadas de catálogos viejos. Su selección siempre era un pequeño vaso de vidrio o  florero.
La devoción de Helen por su madre Petra, cuya influencia se muestra en la participación comunitaria en toda su vida y que sigue activa  y su  propia practicabilidad inherente la motivó todos esos años a cosechar rábanos para poder comprarle a su madre un regalo.
“Mamá trabajaba mucho para cuidar a tantos de nosotros. Ella hacía todo lo que necesitaba, nunca se quejó, nunca discutió con papá. No recuerdo nada negativo sobre mamá”, dijo Helen.
Aunque fue la séptima de 13 hijos, Helen se las arregló para destacar. A los 10 años, ella tomó la responsabilidad de comprar los alimentos y mantener récord de la cuenta  del supermercado de la familia y cupones que les daba el gobierno por la guerra para productos alimenticios racionados. Ella seguía una lista preparada por su mamá y llevaba las provisiones a su casa en un carrito vagón.
“Toda mi vida he mantenido registro de dinero. Yo fui la que nací con sentido común”, dijo ella.
Por 39 años, Helen trabajó en contabilidad para Barr-Thorp Electric Co., Inc. Antes de eso, cuando sus tres hijas Gabriella, Jenny y Amy eran pequeñas, Helen trabajó en tiendas departamentales  durante la temporada navideña. Actualmente, “jubilada” formalmente, Helen trabaja un promedio de 40 horas  o más a la semana en el verano y más de 20 horas en el invierno en el centro Mattie Rhodes.
“He trabajado toda mi vida, no quiero detenerme. Me encanta la gente, me gusta ayudar, y veo a los niños utilizando su mente y sentido común y creando cosas buenas, cosas interesantes”.
Helen empezó a ser voluntaria en Mattie Rhodes hace 15 años por invitación de su hija, la directora de artes culturales del centro no lucrativo.
“Nunca había estado allí, pero me quedé. Me tomó un tiempo apreciar los placeres del arte, como ellos hacen creaciones, y es bueno ver a los niños utilizar sus mentes y no solamente sentarse con sus celulares. Y al igual que los artistas que he conocido, es fascinante ver el proceso creativo, algo completamente diferente de la contabilidad”.
Manteniéndose en el área de los números, ella organiza las recepciones de los artistas e inauguraciones de las exposiciones, reclutando un número apropiado de voluntarios, Proveer donativos y planear menús; ordenar y servir bocados para los niños que asisten a las clases, y organizar  las comidas para los padres y sus hijos en el último día del campamento de arte en el verano, el cual implica tener voluntarios para arreglar y limpiar y ordenar la carne. Al demostrar el valor de la versatilidad  y espíritu de compañerismo en el servicio, Helen coopera en toda oportunidad que se le presenta, al aire libre o en el interior.
“Me encanta hacer todas estas cosas”, dijo ella.
En su tiempo libre,  La energética octogenaria nana tiene una pasión por la lectura que la comparten sus hijas, seis nietos y tres bisnietos.
Ella dijo, “somos una gran familia de lectores”.

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Living Mother’s Day portrait: Helen M. Mendez
By Edie R. Lambert
Back in 1938, a Turner, Kan., farmer rounded up kids in the Argentine neighborhood willing to pick produce. Her name was Blanche, Helen M. Mendez, née Martinez recalls 84 years later. Helen, who was six at the time, enlisted with her friends to pick radishes for a half-day for 50 cents. She wanted the money for a Mother’s Day gift, which she purchased in the neighborhood dime store and giftwrapped in newspaper or pages torn from old catalogs.  Her selection was always a little glass cup or vase.
Helen’s devotion to her mother, Petra, whose influence is evidenced most in Helen’s lifelong industry and still-active community involvement and Helen’s own inherent practicality motivated her all those years ago to harvest radishes so she could buy her mother a present.     
“Mom worked hard taking care of so many of us. She did everything she was supposed to do, never complaining, never arguing with Dad,” Helen said. “I can never recall anything negative about Mom.”
Even as the seventh of 13 children, Helen managed to stand out. At age 10, she took on the responsibility for grocery shopping and keeping track of the family’s grocery store account and government-issued wartime coupons for rationed food
stuffs. She followed a list prepared by her mom and hauled the provisions home in a wagon.
“All my life I’ve been keeping track of money,” she said. “I was the one born with common sense.”
For 39 years, Helen worked in accounting for Barr-Thorp Electric Co., Inc.  Before that when her three daughters, Gabriella, Jenny and Amy were small, Helen worked in downtown department stores during the Christmas shopping season. Nowadays, having formally “retired,” Helen puts in an average of 40 or more hours a week in summer and 20-plus hours weekly in winter at the Mattie Rhodes Center.
“I’ve worked all my life, and I don’t want to stop,” she said. “I love people; I like helping people, and I see the children using their mind and common sense and creating good stuff, interesting stuff.”
Helen began volunteering at Mattie Rhodes about 15 years ago at the invitation of her daughter, the nonprofit center’s cultural arts director.
“I’d never been there before, but I stayed,” Helen said. “It took me a while to appreciate the pleasures of art, how they create, but it’s good to see the children use their minds and not just sit on their cell phones. And I like the artists I’ve met; it’s fascinating to see the creative process, so completely different from accounting.”
Still in the numbers game, Helen organizes the artist receptions and exhibit openings, recruiting an appropriate number of  volunteers, procuring donations and planning menus; orders and serves snacks to the kids attending classes; and arranges the luncheon cookouts for parents and their children on the final day of summer art camp, which entails lining up volunteers for set-up and cleanup and ordering the meat. Demonstrating the value of versatility and esprit de corps in service, Helen pitches in wherever something needs doing, indoors and out.
“I love to do all these things,” she said.  
In her leisure time, the energetic octogenarian indulges a passion for reading shared by her daughters, six grandchildren and three great-grandchildren.
She said, “We’re a great family of readers.”

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