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No More Deaths, Please




By Jorge Ramos

Mexicans are tired of the killing. The massacres earlier this year in Uruapan (where 19 people were killed) and Minatitlán (where 14 died) were a mere fraction of the many deadly tragedies that have shattered the nation.
Most recently there was the military confrontation with the Sinaloa drug cartel in the city of Culiacán. The son of imprisoned drug lord Joaquín “El Chapo” Guzmán was briefly captured, then released, after an assault by cartel gunmen. More than a dozen people died in the shootout.
What we Mexicans want most is an end to this killing of our countrymen.
The suggestion that some would have preferred more death during the failed operation in Culiacán is wrong. Who would have wanted more people shot, even if they happened to work for the drug cartel?
The problem with President Andrés Manuel López Obrador’s decision to release Guzmán’s son, though, is that it sets a terrible precedent. What will happen the next time the military goes after drug traffickers? Now they have learned that merely posing a threat to civilians or government troops is enough to get a kingpin freed.
Releasing criminals can hardly be considered part of a serious strategy to bring peace to Mexico. It only reinforces the idea that this is a country where criminals go unpunished.
So what is the president’s strategy? How is AMLO, as López Obrador is known, going to prevent tens of thousands of Mexicans from being killed each year?
A major part of AMLO’s crime-fighting strategy was the newly created National Guard. Composed primarily of former army troops, the National Guard is expected to number roughly 80,000 by year’s end. At the moment, however, it’s clear that the president’s strategy hasn’t resolved the security issue.
Almost a year after being inaugurated, the president can be held accountable for Mexico’s high level of crime, as he rightly acknowledged on Aug. 22, when he said: “I won’t keep on blaming the previous administration and those before that.” Yet López Obrador isn’t attacking the problem with a sense of urgency.
The numbers are terrifying: According to official reports, 28,782 Mexicans were killed between Dec. 1, 2018 — the day AMLO was sworn in — and Sept. 30 of this year. The way things are going, 2019 will be the most violent year in Mexico’s modern history, with more murders recorded than during any year of the previous administrations of Enrique Peña Nieto or Felipe Calderón.
Mexico can’t afford to keep failing in its fight against crime. Yet even as the victims pile up, nothing is being done to improve security or prevent criminals from going unpunished. This isn’t normal, and Mexicans are refusing to resign themselves to the violence. But how many more Culiacáns are needed before real change can happen?
My criticism of the president is by no means ill-intentioned, nor does it result from a neoliberal or conservative political stance. If AMLO succeeds in his fight against crime, the whole country wins. Unfortunately, so far, he isn’t winning. Success, in this case, can actually be quantified, and positive numbers are nowhere to be found. The number of homicide victims in September of 2019 (2,825) was almost the same as the number in December of 2018 (2,892).
The only tangible achievement the National Guard can claim so far is the arrest of innocent refugees on their way to the United States. When people started talking about a new National Guard, I don’t remember anyone saying its purpose would be to arrest foreigners fleeing gangs, violence and extreme poverty. Mexican officials came up with that idea only after President Donald Trump started pressuring them.
Long an exporter of immigrants by the millions, Mexico has now taken on the sad task of persecuting undocumented migrants — from Venezuela and Cuba, Africa and Central America — who want only to continue their journey to the United States. The National Guard has handled this shameful duty very well.
I never imagined that a Mexican official would dare threaten immigrants with Trumpist language. Then I heard the commissioner of the National Migration Institute say: “We are warning all transcontinental immigrants: It doesn’t matter if you’re coming from Mars, we’ll send you [back], whether it’s to India, Cameroon or Africa.” Trump would be proud.
Mexico should not be focused on arresting immigrants. These people deserve our help; our protection and understanding. The real fight, the one that really counts, is the one against violence, and killing, and grief.
No more deaths, please.

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No Más Muertos, Por Favor

Nadie, absolutamente nadie, en México quiere otra matanza. Basta y sobra con las de Uruapan (19 muertos), Minatitlán (14 muertos) y muchas otras que ni nombre tienen. Incluso el reciente operativo en Culiacán, Sinaloa, también culminó con una matanza; hay más de una docena de muertos. Y lo que todos queremos — ¡todos! — es que ya no sigan matando a tantos mexicanos.
Es falso sugerir que hay gente que hubiera querido una masacre aún mayor en el operativo en que se detuvo y luego liberó al hijo del Chapo Guzmán en Culiacán. ¿Quién quiere más muertos? Pero el problema con esa decisión presidencial es que sienta un grave precedente. ¿Qué va a pasar en la próxima operación con otro líder del narcotráfico? Ellos ahora ya saben que si amenazan a soldados y civiles, es posible que liberen a su capo.
Liberar criminales difícilmente se puede considerar como parte de una estrategia para pacificar la nación. Sólo refuerza la idea que México ha sido y sigue siendo el país de la impunidad.
Entonces ¿cuál es la verdadera estrategia del gobierno de Andrés Manuel López Obrador para que dejen de matar a decenas de miles de mexicanos cada año? Es la creación de la Guardia Nacional — con un altísimo componente militar — que para fin de año contará con unos 80 mil elementos. Pero hay que decirlo: A casi un año de su toma de posesión, la estrategia de seguridad de AMLO ha fallado.
Las altísimas cifras de criminalidad ya son su responsabilidad, como lo reconoció el pasado 22 de agosto. “No quiero seguir responsabilizando a la administración pasada y a los de antes de esa administración”, dijo el Presidente. Pero no parece haber ningún sentido de urgencia.
Aquí están las terribles cifras. Han asesinado a 28.782 mexicanos desde el 1 de diciembre del 2018 hasta el 30 de septiembre de este año, según cifras oficiales. De seguir así, el 2019 será el año más violento de la era moderna en México, con más homicidios dolosos que en cualquier año de Enrique Peña Nieto o Felipe Calderón.
No hay otros datos. Algo no está funcionando. Y México no puede darse el lujo de seguir fracasando en su lucha contra el crimen. Los muertos se acumulan. Esto no es normal. Los mexicanos no podemos acostumbrarnos a que nos maten. Respecto a la inseguridad y a la impunidad, México sigue igual. ¿Cuántos culiacanes más hasta que algo cambie?
Me adelanto. Esta no es una crítica neoliberal, conservadora ni mal intencionada. Si a AMLO le va bien en la lucha contra la criminalidad, todo México gana. Pero desafortunadamente no ha podido. Esto se mide con resultados, y no hay cifras positivas por ningún lado. El número de homicidios dolosos en septiembre de este año (2.825) es casi el mismo que en diciembre del año pasado (2.892).
El único logro real, tangible, de la Guardia Nacional ha sido detener a inocentes refugiados centroamericanos en su camino hacia Estados Unidos. Yo no recuerdo que, cuando se debatió la creación de la Guardia Nacional, alguien hubiera dicho que sería utilizada para arrestar a extranjeros que están huyendo de pandillas, violencia y la pobreza extrema. Eso se lo sacaron de la manga cuando Trump los empezó a presionar.
Y de pronto México — que durante décadas ha sido un país exportador de millones de inmigrantes — ahora se ha dado a la triste y vergonzosa tarea de perseguir a migrantes indocumentados (de Venezuela y Cuba, África y Centroamérica) que lo único que quieren es seguir su trayecto hacia Estados Unidos. Para eso sí sirve la Guardia Nacional de México.
Jamás pensé que un funcionario mexicano — como el Comisionado del Instituto Nacional de Migración — se atrevería a usar un lenguaje y amenazas trumpistas contra los inmigrantes. Y luego le escuché esto: “Es un aviso para toda la migración transcontinental: Así sean de Marte, los vamos a mandar [de regreso] hasta la India, hasta Camerún, hasta el África”. Trump estaría orgulloso de esta frase.
El esfuerzo de México no debe ser contra los inmigrantes que cruzan nuestro territorio. Al contrario, ellos merecen ayuda, protección y comprensión. La pelea, la que de verdad cuenta, es para México deje de ser el país de las matanzas, las fosas y los duelos.
No más muertos, por favor.

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