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Jorge Ramos : Leopoldo Lopez: Imprisoned, But Not Silent




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By Jorge Ramos

Some books are written with ink on paper; others, on laptops. But a new book by the Venezuelan opposition leader Leopoldo López was partly written on skin.
Since February 2014, López has been locked up at Venezuela’s Ramo Verde prison on charges of inciting riots against the regime of President Nicolas Maduro. His sentence: more than 13 years. Shortly after he arrived, guards were ordered to keep him away from pen and paper so that he couldn’t communicate with the outside. Maduro doesn’t want López’s words reaching the world, but words can escape in other ways.
“His sister Diana wrote paragraphs [of Lopez’s book] on her skin,” Lilian Tintori, López’s wife and a human-rights advocate, told me in a recent interview in Miami. “His mother wrote on her legs … I, too, wrote on small pieces of paper I took with me, or on my own skin.”
These three women would collect any information they could when they visited López, then they’d smuggle his messages out, if they could elude his jailers. The end result is the new book, “Imprisoned Yet Free,” which chronicles López’s first year in prison.
On his first night, he recalls, all he had in his cell was “an old bedsheet and a worn-out mattress.” His conditions haven’t improved since then. “Top-ranking authorities in Ramo Verde treat us like foreign prisoners of war,” Lopez writes. “We’re considered enemies.”
At first he was still allowed to choose his own books to read. He managed to accumulate about 300 books in his cell. Now he’s only allowed three at a time.
Tintori, who visits him twice a week, told me that Lopez is being tortured. She detailed the daily strip searches that he has to endure. “They force him to get naked 10 times a day, in his cell, where’s he’s alone,” she said. “With no reason whatsoever — they do it to torture him, to break him.”
But authorities haven’t broken Lopez’s spirit. “Since I arrived at Ramo Verde, I realized my main battlefield would be in my mind and my mood,” Lopez writes. “If I am fine, my family is better, and my political team is more motivated.”
In prison, Lopez tries to maintain a routine: He wakes at 5 a.m., makes his bed, has coffee, prays, works out and practices boxing with another inmate.
By midmorning he starts what he calls his first “batch” of reading. Discipline marks the rest of his day. His mantra: “He who gets tired, loses.”
In 2014, when a warrant was issued for his arrest, Lopez went against the wishes of his family and supporters and turned himself in to authorities. His release from prison now hinges on the election of a new government. “Nicolas Maduro is the one who keeps Leopoldo in jail,” Tintori told me. By her count, there are 108 political prisoners behind bars in Venezuela.
Meanwhile, Tintori and Venezuelan opposition leaders are pushing for a recall referendum in order to remove Maduro from office. But the administration is doing all it can to invalidate the referendum, or at least postpone it until next year. Meanwhile, Venezuela’s political and economic situation grows more dire.
“We’re talking about a dictatorship in Venezuela,” Tintori said. “[Maduro] is a dictator. He’s responsible for the social, political and humanitarian crisis in Venezuela. He knows that in Venezuela there is no food, no medicine. But there is violence — one Venezuelan is killed every 18 minutes. He knows this, and has done nothing to make things better.”
As pressure on Maduro’s government has grown, jail conditions for Lopez have worsened. In addition to forbidding him from expressing himself through any sort of writing, authorities barred family phone calls for two months, Tintori told me. “They lock him up every night at 8 o’clock, without light, and he’s not even allowed a candle or a lamp to read,” she said.
Jailers have also found ways to prevent Tintori and other family members from communicating on behalf of Lopez. “Now, at the inspection, [guards] scrub our skin with alcohol so we won’t be able to write anything on it,” Tintori said.
But the damage to Maduro has been done. The book is published, and Venezuela is rebelling against the regime. When the time is right, nothing can stop an idea from circulating.
(Jorge Ramos, an Emmy Award-winning journalist, is a news anchor on Univision and the host of “America With Jorge Ramos” on Fusion. Originally from Mexico and now based in Florida, Ramos is the author of several best-selling books. His latest is “Take a Stand: Lessons From Rebels.” Email him at jorge.ramos@nytimes.com.)


Preso Pero Libre

Hay libros que se escriben con pluma y papel; otros en computadora. Pero el del prisionero político venezolano, Leopoldo López, se escribió literalmente en la piel.
Los guardias en la prisión de Ramo Verde en Venezuela, donde está encarcelado López desde el 18 de febrero del 2014, tienen instrucciones de evitar que escriba. El régimen de Nicolás Maduro no quiere que sus palabras se escuchen fuera de la prisión. Pero hay maneras de hacerlo.
Así me lo contó su esposa y activista por los derechos humanos, Lilian Tintori: “Lo que hacía su hermana Diana es que escribía en su piel párrafos [del libro]. Su mamá se escribió en una pierna y así se los llevaba. Yo también me llevaba papelitos o en mi misma piel”. Lo que estas tres mujeres se escribieron en su piel, más algunas notas y dibujos que pudieron burlar la vigilancia de sus carceleros, aparecen en el libro “Preso Pero Libre”.
El libro cuenta el primer año de cárcel de López, cuando todavía podía escoger sus lecturas. Logró acumular hasta 300 libros en su celda. Hoy no le dejan tener más de tres a la vez. “El tratamiento que recibimos de la autoridad superior en Ramo Verde es el de prisioneros de guerra en un país extranjero”, escribió. “Somos considerados enemigos”.
La primera noche en la cárcel, López se encontró con “una sábana vieja y un colchón desgastado que parecía haber sido víctima de un usuario de media tonelada de peso”. Las condiciones no han mejorado.
“Es tortura y trato intimidatorio”, me explicó Tintori, quien lo visita dos veces a la semana. “A Leopoldo lo desnudan 10 veces al día; no hay ninguna razón pero lo desnudan para torturarlo, para tratar de quebrarlo mentalmente”. Sin embargo, no lo han logrado.
“Desde que llegué a Ramo Verde entendí que mi principal terreno de lucha estaba en mi estado de ánimo y en mi mente”, escribió López. “Si yo estoy bien, mi familia está mejor y mi equipo político está más motivado”. López tiene su rutina: Se levanta a las 5 de la mañana, tiende la cama, toma café, reza, hace ejercicio, practica boxeo con otro reo y a media mañana comienza lo que él llama su primer bloque de lectura. La disciplina marca el resto de su día. Su mantra: “El que se cansa, pierde”.
López fue condenado a más de 13 años de prisión por, supuestamente, instigar a una rebelión contra el gobierno de Nicolás Maduro. Contrario a lo que pensaba su familia, López tomó la decisión de entregarse a las autoridades. Ahora su liberación depende de un cambio de gobierno. “Quien tiene preso a Leopoldo es Nicolás Maduro”, me dijo Tintori.
Ella y la oposición venezolana están empujando por la realización de un referéndum revocatorio, como indica la ley, para sacar a Maduro de la presidencia. Pero el gobierno está haciendo todo lo posible para invalidarlo o posponerlo hasta el próximo año. Sin un cambio de gobierno sería casi imposible que liberaran a Leopoldo y a los otros 108 prisioneros políticos que hay en Venezuela, según el conteo de Lilian.
“Estamos hablando de una dictadura en Venezuela”, me dijo ella en una reciente entrevista en Miami. “Maduro es un dictador. Él sabe que en Venezuela no hay comida, no hay medicinas y hay violencia. Cada 18 minutos matan a un venezolano. Él lo sabe y no hace nada para evitarlo”.
Mientras crece la presión contra el gobierno de Maduro, también han empeorado las condiciones carcelarias contra Leopoldo. “Hoy Leopoldo ya no puede escribir”, me contó su esposa, quien ha liderado una campaña mundial para liberarlo y, en el proceso, se ha convertido en una de las principales defensoras de los derechos humanos del hemisferio. “Nos quitaron las llamadas familiares por dos meses. Lo encierran todas las noches a las ocho, sin luz, y no le permiten ni una vela, ni una lámpara, para leer”.
Tintori, la mamá y la hermana de López ya no pueden escribir en la piel de sus piernas y brazos las cosas que López quiere decir desde la cárcel. “Ahora en la requisa nos limpian la piel con alcohol para que no podamos escribir nada”, me explicó Tintori. Pero para Maduro y sus secuaces ya es demasiado tarde. Todo se sabe. El libro está escrito y Venezuela se rebela. No hay nada que pueda detener una idea cuando su tiempo ha llegado.
(Jorge Ramos, periodista ganador del Emmy, es el principal director de noticias de Univision Network. Ramos, nacido en México, es autor de nueve libros de grandes ventas, el más reciente de los cuales es “A Country for All: An Immigrant Manifesto”.)
(¿Tiene algún comentario o pregunta para Jorge Ramos? Envíe un correo electrónico a Jorge.Ramos@nytimes.com. Por favor incluya su nombre, ciudad y país.)

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