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Divulgando la cultura en dos idiómas.

Jorge Ramos: El Legado de Obama

El legado del presidente Barack Obama ante la comunidad latina es complicado. Incluye protección a 750 mil “Dreamers” y deportaciones, esperanza y miedo, muchas buenas intenciones y una gran promesa incumplida.
Empecemos por ahí. Cuando Obama era candidato a la presidencia en 2008 y aún no tenía asegurado el apoyo del voto latino, prometió lo siguiente: “Lo que sí puedo garantizar es que tendremos en el primer año una propuesta migratoria que yo pueda apoyar”.
Cuando Obama llegó a la Casa Blanca con el 67% del voto latino, tuvo la oportunidad de cumplir su promesa, pero no lo hizo. Los demócratas durante ocho meses — hasta la muerte del senador Edward Kennedy el 25 de agosto de 2009 — controlaron ambas cámaras del Congreso. Y, por una decisión política de Obama y sus asesores, no presentaron una propuesta de ley sobre la inmigración.
Ese fue un grave y costosísimo error que hasta hoy estamos pagando. Los inmigrantes que Obama no legalizó durante su primer año de gobierno podrían ahora ser deportados masivamente por Donald Trump.
El principal logro migratorio de Obama fue su orden ejecutiva de 2012 para proteger a más de 750 mil Dreamers con el programa conocido como DACA. Los Dreamers , que llegaron ilegalmente a Estados Unidos con sus padres cuando eran muy pequeños, hoy pueden trabajar y están protegidos contra deportaciones. Pero Trump puede poner fin a ese programa desde el primer día de su presidencia.
Lo peor de Obama fueron sus deportaciones. Obama, desafortunadamente, será recordado por muchas familias latinas como el “deportador en jefe” (frase que acuñó la presidenta del Consejo Nacional de La Raza, Janet Murguía, y que, hasta esta fecha, molesta enormemente al presidente). Desde enero de 2009 hasta septiembre de 2016, Obama deportó a más de 2,6 millones de inmigrantes, según cifras del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas. Deportó, en promedio, a casi 900 personas cada día.
Ningún presidente ha deportado a más inmigrantes que Obama y, aunque se enoje, será recordado por eso. Así Obama destruyó a miles de familias latinas. Aunque su intención era demostrar que en Estados Unidos se cumplía la ley, deportó a miles de personas que no tenían un historial criminal y cuyo único crimen fue entrar ilegalmente al país para trabajar.
A pesar de lo anterior, el legado de Obama ante los latinos va más allá de las deportaciones y de una promesa rota. Tras darse cuenta de su error, Obama presionó durante años a los republicanos para que aprobaran una reforma migratoria con destino a la ciudadanía. Pero los republicanos nunca cooperaron.
Obama sentó a los latinos en la mesa principal. Siempre tuvo secretarios y asesores hispanos, y nombró a la primera mujer latina, Sonia Sotomayor, para la Corte Suprema de Estados Unidos. Eso no es poca cosa. Pero hay más.
Como periodista tengo que agradecer el acceso que tuvimos los medios de comunicación en español a la Casa Blanca. Siempre nos trató igual que a los otros periodistas estadounidenses y eso fue un gran avance. A mí, personalmente, me dio cuatro entrevistas como Presidente y participó en dos foros de Univision. A pesar de que varias de las preguntas le incomodaban, siempre estaba dispuesto a mantener abierta la conversación.
Me impresionaba ver cómo Obama pensaba en público. Con sus características pausas se notaba su mente trabajando para encontrar la palabra exacta. Eso lo vamos a extrañar, y mucho, en la época de Trump.
Por último, la gran contribución de Obama para los hispanos — particularmente con los más jóvenes — es el contagio de la esperanza. Me explico: Desde que Obama llegó a la presidencia veo a más niños hispanos con el deseo de convertirse en el primer presidente latino. O en la primera presidenta.
La lección es clara. Si Obama logró convertirse en el primer presidente afroamericano, en un país con historia de esclavitud, racismo y discriminación, un latino o una latina también podrían llegar pronto a la Casa Blanca. Estoy absolutamente convencido de que el primer presidente latino ya nació y que Obama ayudó a abrir el camino.
Cuando Obama lanzó su candidatura presidencial, usó una frase de Cesar Chávez y de Dolores Huerta: “Sí se puede”. Ese, para mí, es su gran legado. Si él pudo, otros podrán también después de él.
Adiós, presidente Obama.
(Jorge Ramos, periodista ganador del Emmy, es el principal director de noticias de Univision Network. Ramos, nacido en México, es autor de nueve libros de grandes ventas, el más reciente de los cuales es “A Country for All: An Immigrant Manifesto”.)


Obama’s Latino Legacy

President Obama’s legacy for the Latino community is deeply conflicted. The last eight years have been full of ups and downs, hopes and deportations, good intentions, protections for more than 750,000 Dreamers, and one big undelivered promise.
In May 2008, when candidate Obama hadn’t secured the Latino vote, he told me in an interview: “What I can guarantee is that we will have, in the first year, an immigration bill that I strongly support.”
When Obama won the White House with 67% of the Hispanic vote, he had the chance to deliver on that promise. But he didn’t, even though Democrats controlled Congress and had a supermajority in the Senate for eight months until Sen. Edward Kennedy’s death in August 2009. Due to Obama’s political calculus, no immigration bill was introduced during that time.
That was a costly mistake, and the Hispanic community is still paying for it. In a matter of days, immigrants who weren’t provided a path to legalization under the Obama administration will be vulnerable to mass deportation under Donald Trump.
Obama’s main immigration achievement was the signing of an executive order to protect some 750,000 Dreamers, or young people brought to the United States as children by their undocumented parents. Under this program, called the Deferred Action for Childhood Arrivals, Dreamers may work or continue their schooling, and they are protected against deportation. The problem, of course, is that Trump can bring the program to an end on his first day in office.
Yes, the implementation of DACA was good news for immigrants, but Obama’s overall deportation record was not. Unfortunately, he will be remembered by many Hispanics as the “deporter in chief.” The term, coined by Janet Murguia, president of the National Council of La Raza, still annoys Obama.
From January 2009 to September 2016, the Obama administration deported more than 2.6 million immigrants, according to government data — that’s more than 900 people a day. It follows that Obama likely broke up thousands of Hispanic families. His stated intention was to remove immigrants with criminal backgrounds and to underscore the rule of law. But Obama deported thousands of people with no criminal record — their only crime was crossing the border to find work.
All the above notwithstanding, Obama’s legacy toward Latinos goes beyond deportations and broken promises. After he realized that failing to pass comprehensive immigration reform was a mistake, Obama pressured Republicans for years to pass a bill that included a pathway to citizenship for immigrants living in the country illegally. But Republicans never obliged.
Still, Latinos always had a place at the table in the Obama administration. The president named Latinos to head departments and had Latino advisers. He appointed Sonia Sotomayor, the first Latina justice on the Supreme Court — no small achievement.
Spanish-language media always had access to the White House during the Obama administration, which I am thankful for. The administration treated us journalists the same way as those working for English-speaking news organizations. That was major progress. As president, Obama granted me four interviews and attended two forums for Univision. And while the questions we posed were challenging, he was always willing to keep the conversation open.
Obama’s public statements impressed me. His trademark pauses showed that he was working to find the most appropriate words to express himself effectively. We’ll all miss that thoughtfulness in the Trump era.
Perhaps Obama’s greatest contribution to the Hispanic community is hope, particularly for children. Since his election, I’ve noticed that many more Hispanic youngsters speak of becoming the nation’s first Latino or Latina president. If Obama can become the first African-American president in a country with a long history of slavery, racism and discrimination, a Hispanic president can also occupy the White House one day. I’m convinced that the first Hispanic president has already born, and that Obama has helped pave the way.
After all, Obama borrowed the phrase “yes we can” from Hispanic activists César Chávez and Dolores Huerta. If he can, others can as well.
Farewell, Mr. President.

 

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