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A Simple Proposal to Combat Corruption in Mexico




I propose that we fight corruption in Mexico, and my idea about how to do that is neither perfect nor is it certain to put all who are guilty in jail. But it would be a great first step. I suggest we create an International Commission Against Corruption in Mexico under the auspices of the United Nations.
First, we have to admit that Mexicans by ourselves have not managed to put an end to corruption. Quite the opposite: We have many corrupt politicians, many institutions that are rotten to the core and many processes — from elections to awarding contracts to getting a driver’s license — that only move forward through cheating, bribing and scamming. Also, was President Enrique Peña Nieto’s 2012 presidential campaign financed by illegal money? There must be an independent investigation in order for us to find it out.
The second step will be more difficult to accept. It is the admission that we need help, and we need the urgent support of a reliable internationally recognized organization, like the UN, to untangle this extremely messy business.
Guatemala has already done it. After the end of the 1994-1996 peace process, Guatemalans realized that their justice system was very inefficient. In 2007 they agreed to create the International Commission Against Impunity in Guatemala. A decade later, they managed to remove President Otto Pérez Molina from office, as well as his vice president, Roxana Baldetti, on corruption charges.
Mexico could do the same. If we wanted to.
“Could we take you to Mexico?,” I asked Iván Velázquez, the current head of the commission in Guatemala, and it was not really a joke.
“I believe each country has to define how to face corruption,” said Velázquez, who had been on the Supreme Court of Justice of Colombia. “Guatemala — its society, its government — was very brave in accepting the situation they were in and looking for international help.”
I’m not sure whether Mexico would dare to follow in Guatemala’s steps. Even minimal international supervision terrifies Mexican politicians, who know that the current system protects them. As the next presidential election nears, we should ask all the candidates if they would agree to have such a commission, and we will see how many of them, claiming a false nationalism, will say that we don’t need foreigners to tell us what is wrong and promote the prosecution of Mexicans. Their answers will reveal how they plan to govern.
This idea of an international commission should not get in the way of Mexico’s selecting an independent prosecutor. The fight against corruption in Mexico would then be twofold: from the inside out, and from the outside in. And the two would not oppose each other. The commission would operate under Mexican law, supporting criminal investigations in the country and proposing reforms to the judiciary.
We must try something new, or corruption will continue to devour us. Only 6% of Mexicans said they agree with how democracy works in the country, and only 2% have “almost complete trust in the government,” according to a survey by the Pew Center. This is one of the lowest trust index figures worldwide.
We can trace the blame back to Los Pinos, the presidential seat. Not long ago, President Peña Nieto publicly despised those who reported his administration’s corruption. He said, “Anything that happens today is blamed on corruption. Take a car accident, here, right at this crossroads, people will say even that was caused by corruption … Behind every event, they want to find someone to blame, a culprit.”
The real problem is that most crimes are left unpunished. Mexico has the highest impunity rate in the Americas, according to a study by the Universidad de las Américas, near Puebla. Killing and stealing do not have a high social cost.
What to do? Corruption is fought from the top down. I do hope one day to see a president or a cabinet member who has been given houses or received favors from a government contractor, or a governor whose family has obtained illicit gains from the state budget, or a former president whose public earnings cannot explain his immense fortune, in jail. We must start somewhere, and soon.
Before saying no, we must keep in mind that there are a thousand reasons for us to say yes.
(Jorge Ramos, an Emmy Award-winning journalist, is a news anchor on Univision. Originally from Mexico and now based in Florida, Ramos is the author of several best-selling books. His latest is “Take a Stand: Lessons From Rebels.” Email him at jorge.ramos@nytimes.com.)

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Una Simple Propuesta para México

Aquí hay una propuesta para combatir la corrupción en México. No es perfecta ni es seguro que con ella se logre encarcelar a todos los corruptos, pero sería un gran primer paso. La propuesta es crear una Comisión Internacional contra la Corrupción en México, con el apoyo de las Naciones Unidas.
Primero hay que reconocer que los mexicanos, solos, no hemos logrado terminar con la corrupción. Al contrario: Tenemos muchos políticos corruptos, muchas instituciones totalmente enviciadas y muchos procesos —desde elecciones y asignaciones de contratos hasta pago de multas y obtención de licencias de conducir— que sólo funcionan con trampas, sobornos y chanchullos. Por ejemplo, ¿hubo dinero ilegal en la campaña presidencial de Enrique Peña Nieto en 2012? Tiene que realizarse una investigación independiente para averiguarlo.
El segundo paso es mucho más difícil de aceptar, y es que necesitamos ayuda.
Urge el apoyo de un organismo con absoluta credibilidad, como la ONU, para desenredar el complicadísimo asunto de la corrupción.
Guatemala ya lo hizo. Ahí, tras el fin del proceso de paz, se dieron cuenta de que su sistema de justicia era muy inefectivo. Por eso en 2007 aprobaron la creación de la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala. Diez años después, lograron sacar de su puesto al presidente Otto Pérez Molina y a la vicepresidenta Roxana Baldetti por corrupción.
México podría hacer lo mismo … si quisiera.
“¿Lo podríamos llevar a México?”, le pregunté (no tan en broma) a Iván Velázquez, el actual comisionado de la CICIG en Guatemala.
“Yo creo que cada país tiene que definir su manera de enfrentar la corrupción”, me dijo Velázquez, quien fue miembro de la Corte Suprema de Justicia de Colombia. “Guatemala —su sociedad, su gobierno— fueron muy valientes aceptando esa situación en que se encontraban y buscando apoyo internacional”.
No sé si México se atreverá a hacer lo mismo que Guatemala. Cualquier supervisión internacional aterra a los políticos mexicanos que saben que el sistema los protege. Pero hay que preguntarles a todos los candidatos presidenciales si estarían de acuerdo con esta comisión. Ya verán como muchos, argumentando un tonto nacionalismo, van a decir que no necesitamos que vengan extranjeros a decirnos qué está mal y a promover el enjuiciamiento de mexicanos. Sus respuestas serán un buen adelanto de cómo piensan gobernar.
Esta idea de una comisión internacional no debe interferir con la selección de un fiscal independiente para un periodo de nueve años. Serían dos formas de combatir la corrupción: una desde dentro del sistema y otra desde fuera. No se contraponen. La comisión operaría bajo las leyes mexicanas, apoyaría investigaciones criminales en el país y propondría reformas judiciales.
Debemos probar algo nuevo. Si no, la corrupción nos va a seguir comiendo. Sólo el 6% de los mexicanos está de acuerdo con la forma en que funciona la democracia en el país y apenas unos 2% confía mucho en el gobierno, según una encuesta del Centro Pew. Este es uno de los índices de confianza más bajos del mundo.
Y podemos rastrear la culpa hasta Los Pinos. Hace poco el presidente de México, Enrique Peña Nieto, menospreciaba en público a los que denuncian la corrupción en su gobierno. Dijo: “Cualquier cosa que ocurra hoy en día es por la corrupción. Casi, casi, si hay un choque aquí en la esquina, ‘fue la corrupción’ […] Detrás de cada evento, quieren encontrar un responsable, un culpable”. Bueno, el problema real es que la mayoría de los crímenes en México quedan impunes. México es el país con mayor impunidad del continente americano, según un estudio realizado por la Universidad de las Américas en Puebla. Matar o robar no tiene un alto costo social.
¿Qué hacer? La corrupción se combate desde arriba hacia abajo. Yo sí tengo la esperanza de ver algún día en la cárcel a un presidente o a un secretario que de los que han recibido casas y favores de contratistas del gobierno, o a un gobernador de los que han enriquecido a su familia con el presupuesto estatal, o a un expresidente de aquellos cuyos salarios públicos no explican su inmensa fortuna. Pero hay que empezar por algo y pronto. Por eso aquí dejo una simple propuesta para México.
Antes de decir que no, hay mil razones para decir que sí.
(Jorge Ramos, periodista ganador del Emmy, es el principal director de noticias de Univision Network. Ramos, nacido en México, es autor de nueve libros de grandes ventas, el más reciente de los cuales es “A Country for All: An Immigrant Manifesto”.)

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