Divulgando la cultura en dos idiómas.

Jorge Ramos: Mexicans From Here

We Mexicans from around here, the ones who live in the United States, didn’t leave our home country on a whim. We left Mexico because we had to. Some of us left for economic reasons, others because we were fleeing violence. All of us, however, were looking for new and better opportunities. 
When I was a child, I never told my parents, “I want to be an immigrant when I grow up.” I wanted to be a soccer player, an astronaut or even a rock star. In my youth, I never dreamed of leaving Mexico. But as is the case with every immigrant, something chased me out of my country and into a new one. The list of my reasons for leaving is short but conclusive: censorship, a lack of democracy, too little space to grow.
But there isn’t a single day I don’t think about the country I left behind. Nobody likes leaving their family, their friends, the familiar streets or special places, the aromas and flavors. In my case, nostalgia begins in my mouth. I still love tacos al pastor — without the pineapple, please — but I can no longer endure the spiciest salsa. Bite after bite, I begin to feel a bit like a stranger.
After 35 years in the United States, I know I will never be Mexican enough for many Mexicans, just like I’m not American enough for many Americans. Mexicans who live here, however, are still connected to each other by a common history that never fades.
Before winning the Academy Award for best director earlier this month, Guillermo del Toro, another Mexican who exiled himself to the United States after his father was kidnapped in the 1990s, was asked how he was capable of mixing joy and terror in his storytelling. His answer was great: “I’m Mexican.”
We Mexicans have learned to reconcile a lust for life with the terrible violence happening in our home country. Almost 100,000 people have been killed under the current administration, and being surrounded by the specter of death can compel us to enjoy life more.
More than 36 million people of Mexican origin live in the United States, 12 million of whom were born in Mexico, and our connection with the homeland remains strong. We not only have family there, but we also send billions of dollars back, and we closely follow what’s happening in Mexican politics.
We also have the right to vote from abroad, and in 2006 we were able to cast ballots in the presidential election. Voting from abroad hasn’t been easy, and the system seems to be set up to restrict our participation. It might be working; even though there are millions of Mexicans in the U.S., only a little over 40,000 voted from abroad in the 2012 presidential election.
This year doesn’t look very promising either. As of January, only 40,759 Mexicans abroad had registered to vote, according to data from Mexico’s National Electoral Institute. I will cast my vote, but the process has been both bureaucratic and labyrinthine.
Mexicans in the U.S. can obtain a voter’s registration card at Mexican consulates (I got mine at the consulate in Miami after making an appointment by calling 1-877-639-4835). I couldn’t tell which saint was responsible for my finding my original birth certificate, but I did, and three weeks later my voter card arrived at the post office.
Then, card in hand, I signed up online to vote (at votoextranjero.mx). But the site is not very clear, and I had to call another number to make sure I was doing it correctly. In May, I will receive a ballot with which I can vote for president and for mayor of Mexico City. Once I cast my votes, my ballot must be mailed to Mexico by June 30.
The process has taken days, and Mexico will pay a lot of money for the international parcel service fees. I’m left wondering: Can’t we come up with an easier and more effective way to vote from abroad? And what can we do to facilitate voting for millions of Mexicans living abroad, not just a few? Other countries do this successfully, and without the risk of fraud.
After all, Mexicans from around here want to get closer to Mexico, si nos dejan (if they let us).
(Jorge Ramos, an Emmy Award-winning journalist, is a news anchor on Univision.)


Los Mexicanos de Acá

Los mexicanos de acá, los que vivimos en Estados Unidos, no nos fuimos de México por un capricho. Nos fuimos porque nos teníamos que ir. Algunos por razones económicas, otros huyendo de la violencia; todos para buscar nuevas y mejores oportunidades.
Cuando era niño nunca le dije a mis papás: “Quiero ser inmigrante”. Les dije que quería ser futbolista, astronauta y hasta roquero, pero nunca aspiré a irme de mi casa ni de mi país. Me hubiera gustado quedarme en México. Sin embargo, como les ocurre a todos los inmigrantes, algo me expulsó de mi país y me atrajo a otro. La lista de las razones que me expulsaron era corta pero contundente: censura, falta de democracia, pocos espacios para crecer.
No hay día en que no piense en regresar o en algo que dejé en México. A nadie le gusta dejar a su familia, a sus amigos, su cuadra, sus rincones y olores. No obstante, después de muchos años viviendo fuera de México, inevitablemente crecen las distancias y las ausencias. La nostalgia empieza por la boca. Me siguen fascinando los tacos al pastor “sin piña, por favor” pero ya no aguanto las salsas más picantes. Y así, mordida a mordida, nos vamos convirtiendo en extraños para los nuestros.
Tras 35 años en Estados Unidos tengo que reconocer que ya nunca seré suficientemente mexicano para muchos mexicanos (de la misma manera en que muchos estadounidenses no me consideran de su país). Y aun así, seguimos conectados por esa historia común que nunca se borra.
Hace poco, antes de ganar el Oscar al mejor director, le preguntaron a Guillermo del Toro , otro mexicano autoexiliado en Estados Unidos, cómo podía combinar en sus películas el amor con sus monstruos. Su respuesta fue genial: “Soy mexicano”. Los mexicanos hemos aprendido a maniobrar entre la terrible violencia del país casi 100 mil muertos en este sexenio y un extraordinario entusiasmo por la vida. Cuando tienes la muerte tan cerca (como del Toro, a quien le secuestraron a su padre en 1998), la fiesta es mucho más sabrosa.
En Estados Unidos vivimos más de 36 millones de personas de origen mexicano, de los cuales 12 millones somos mexicanos nacidos en México. A pesar de todo, tenemos una fuerte conexión con México. No solo tenemos familia allá, sino que enviamos miles de millones de dólares en remesas y seguimos muy de cerca lo que pasa en la política.
Además, tenemos el derecho de votar desde el extranjero. La primera vez fue para la elección presidencial del 2006. Sin embargo, no ha sido fácil y parecería que el sistema está hecho para limitar nuestra participación. Un ejemplo: Aunque hay millones de mexicanos en Estados Unidos, en las votaciones para presidente en el 2012 solo 40.714 mexicanos votaron desde algún país en el extranjero.
Este año tampoco promete mucho. Hasta enero de este 2018 solo se habían registrado para votar 40.759 mexicanos en el exterior, según información del Instituto Nacional Electoral. Yo también voy a votar en las elecciones de México, pero el proceso ha sido un laberinto burocrático.
Ya se puede sacar la credencial de elector desde los consulados mexicanos en el exterior. Yo la saqué en el consulado de Miami. Hice mi cita llamando al 1-877-639-4835. Todavía no sé qué santo me permitió encontrar mi acta de nacimiento original. Tres semanas más tarde, me llegó la credencial por el servicio de paquetería Estafeta, pero tuve que ir a la oficina de correos a recogerla y firmar.
Luego, con credencial en mano, me registré en internet para votar (en www.votoextranjero.mx). No obstante, la página no es muy clara y tuve que llamar a otro número para asegurarme de que estaba haciendo bien el trámite. A partir del 21 de mayo, recibiré el paquete electoral para votar en las elecciones para presidente de México y, en mi caso, jefe de gobierno de la Ciudad de México. Después de haber escogido a mis candidatos, mi voto tiene que llegar por correo antes del 30 de junio.
He pasado días en esto y el INE pagará muy caro por tanto servicio de paquetería internacional. ¿No hay otra forma más fácil, efectiva y segura de votar desde el extranjero? ¿Qué hacer para que voten millones y no solo unos cuántos? Otros países lo hacen con bastante éxito y sin riesgo de fraude.
Los mexicanos de acá queremos estar más cerca de México — si nos dejan.
(Jorge Ramos, periodista ganador del Emmy, es el principal director de noticias de Univision Network. Ramos, nacido en México, es autor de nueve libros de grandes ventas, el más reciente de los cuales es “A Country for All: An Immigrant Manifesto”.)

Share:

More Posts

Editorial: The hope of Easter

The Salvation Army Australia published an online article entitled “Easter: growing hope from heartache.” In its simplest form, the Easter message is one of new

How to be an empowered woman

Commentary by CharaFor our world to continue developing, the empowerment of women is necessary.When women are empowered, communities, states, regions and countries experience economic growth,

Related Posts