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Divulgando la cultura en dos idiómas.

Catequesis de la fe con el padre Andrés 11.22.18




“Ninguno volvió a dar gracias a Dios, sino este extranjero, este samaritano”. Lucas 17,11-19
Querido lectores, esta semana celebramos en los Estados Unidos el día de acción de gracias, y bien cabe decir que la cita del Evangelio que escogí para dar luz a esta reflexión, nos muestra el camino para decir que: La gratitud es la expresión del corazón de alguien que ha recibido todo, a cambio de nada; sin esperar que le cobren o que tenga que devolver con creces lo que han hecho por él/ella. Pero la actitud debe ser de agradecimiento, exige que desde nuestro corazón se proclame con hechos esta acción de humildad como lo es el dar gracias. Pues el corazón es la fuente de las acciones buenas o malas.
Por eso para dar gracias nosotros los cristianos Católicos lo hacemos con la Eucaristía que es también una comida de acción de gracias. “Eucaristía” significa, precisamente, dar gracias. ¿Por qué damos las gracias? Por el cuidado providencial de Dios a través de Cristo, que se entregó para llevarnos de la muerte a la vida. Obsérvese que las salvaciones de Dios siempre vienen por medio de un agente humano; antes de Cristo, por medio de Moisés y los profetas; en Cristo, por medio del Verbo hecho carne; después de la ascensión de Cristo, por medio de su cuerpo, la Iglesia y, en sentido más amplio, por medio de todos los que viven por el Espíritu.
Por eso como perpetuos peregrinos en este mundo, debemos dar continuas gracias a Dios de quien procede todo bien, toda justicia, toda paz, todo amor.
Aunque viendo el mundo y la sociedad actual, como ha perdido la historia, y sólo se recuerda lo que queremos recordar, pero como dije anteriormente, la Eucaristía, es la acción del gracias del Cristiano, para demostrarle a Dios Padre, por medio de Hijo Jesucristo que después de amanecer nuevamente con vida debemos como este extranjero del evangelio a dar gracias.
No debemos enfocarnos en lo negativo, en que tuvimos lepra como el extranjero del evangelio, sino que más bien al quedar limpios y con un corazón lleno de amor, debemos regresar alabando a Dios, por la familia, los amigos, el trabajo y lo mucho más que recibimos, más aún sin merecerlos. Porque nada de lo que tenemos, lo merecemos, pues la gratitud es como la sal, no se siente pero su ausencia hace que todo pierda su sabor.
Sólo uno es la excepción: un samaritano, un extranjero que vive en las fronteras del pueblo elegido, casi un pagano. Este hombre no se conforma con haber obtenido la salud a través de propia fe, sino que hace que su curación sea plena, regresando para manifestar su gratitud por el don recibido, reconociendo que Jesús es el verdadero Sacerdote que, después de haberlo levantado y salvado, puede ponerlo en camino y recibirlo entre sus discípulos.
¡Qué importante es saber agradecer, saber alabar por todo lo que el Señor hace en nuestro favor! Nos podemos preguntar: ¿Somos capaces de saber decir gracias? ¿Cuántas veces nos decimos gracias en familia, en la comunidad, en la Iglesia? ¿Cuántas veces damos gracias a quién nos ayuda, a quién está cerca de nosotros, a quién nos acompaña en la vida?

Padre Andrés Moreno, Párroco
Parroquia San Antonio, Kansas City Missouri.

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