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‘I Would Like You to Do Us a Favor’

By Jorge Ramos

It is by no means normal for a U.S. president to ask a foreign leader to launch an investigation into a political rival. But that’s exactly what happened during a July 25 phone conversation between President Donald Trump and President Volodymyr Zelenskiy of Ukraine. Trump asked Zelenskiy to investigate former Vice President Joe Biden, the current front-runner for the Democratic presidential nomination, and his son.
According to a reconstructed transcript of the call, Trump said to Zelenskiy: “I would like you to do us a favor. … I would like to have the attorney general call you or your people and I would like you to get to the bottom of it.”
A bit later in the conversation, Trump explains that he wants the Ukrainians to find out if Biden, as vice president, pushed for the firing of Ukraine’s top prosecutor in charge of corruption cases. At the time, Biden’s son Hunter sat on the board of Burisma, a Ukrainian gas company.
It’s never possible to know precisely what’s going on in Trump’s mind. But it seems clear that the favor he was asking of the Ukrainian president was finding dirt on Biden and his son.
Did Zelenskiy feel any real pressure to do this “favor” for Trump? We will never know. What we do know is that a few days before the call, Trump put a $391 million aid package for Ukraine on hold. There is no direct reference to that money in the phone transcript. However, the aid package was an issue of primary concern for both countries at the time.
I’ve spent more than three decades covering corrupt and authoritarian regimes in Latin America, so the malfeasance of the Trump administration is very familiar. In many ways, Trump acts with the same sense of impunity that characterizes so many Latin American tyrants. He seems to think he can get away with anything.
But while it may be routine in other countries to ask a foreign government for dirt on a political opponent, it certainly isn’t in the United States. Electoral laws clearly state that it is illegal for a foreign national to contribute anything of value, be it money or information, in connection with an election.
That’s why Nancy Pelosi, the Democratic speaker of the House, has accused Trump of betraying his oath of office, and announced a formal impeachment inquiry. All of this may turn out to be little more than symbolic. It’s very unlikely that the Democrats will get enough votes in the Republican-controlled Senate to actually force Trump from office.
Two things are clear, however: One, Democrats are now going after Trump regardless of the consequences; and two, the government will be gridlocked until the election on Nov. 3, 2020. The impeachment inquiry is just the beginning.
Meanwhile, Trump continues to learn nothing. He called Zelenskiy one day (one day!) after former special counsel Robert Mueller’s testimony to Congress on Russia’s interference in the 2016 presidential election. Sure, Mueller didn’t find enough evidence to suggest that the Trump campaign conspired with Russia to defeat Hillary Clinton. But his report did confirm that Russia’s actions — from conducting covert social media campaigns to leaking thousands of emails from Clinton’s team — did indeed help Trump get elected.
Precisely at a time when our country is on high alert to prevent anything like this from happening again, Trump chose to ask another foreign power, in this case Ukraine, for help in his next presidential campaign. He just doesn’t get it.
Trump lives in a world of his own. On Sept. 24, the day Trump authorized the release of the Ukrainian call transcript, he tweeted: “You will see it was a very friendly and totally appropriate call.” Trump insisted that he had put “no pressure” on Zelenskiy and that the Democrats are engaged in “the Greatest and most Destructive Witch Hunt of all time!”
None of this is normal. We reporters are often wrong when we make political predictions, and we have a poor record when it comes to Trump. But one thing I know for sure is that asking some favors can cost you dearly — as the president now knows, too.

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“Me Gustaría Que Nos Hiciera un Favor”

No es normal que el Presidente de Estados Unidos le pida a un líder extranjero que investigue a un opositor político — en este caso al exvicepresidente Joe Biden — que podría competir contra él en las elecciones del 2020. Pero eso es lo que ocurrió durante una llamada telefónica el 25 de julio entre Trump y el mandatario ucraniano Volodymyr Zelenskiy.
En la transcripción reconstruida de la llamada, Trump le dice a Zelenskiy, que “Me gustaría que nos hiciera un favor. … me gustaría que mi procurador general lo llamara a usted o a su gente y me gustaría que usted llegara al fondo de ello”. Y un poco más adelante en la conversación telefónica, Trump le explica que quería que los ucranianos investigaran si Biden, cuando era vicepresidente, intervino para que destituyeran a un fiscal ucraniano que perseguía casos de corrupción. En ese momento el hijo de Biden, Hunter, era miembro del consejo de Burisma, una compañía de gas en Ucrania.
Es imposible meterse en la cabeza de Trump. Pero su aparente intención, al solicitar ese favor al Presidente ucraniano, era conseguir información negativa sobre Biden, que en la mayoría de las encuestas es el favorito entre los candidatos demócratas a la presidencia.
¿Se sentía presionado el presidente de Ucrania para hacerle ese “favor” a Trump? Es imposible saberlo. Lo que sí sabemos es que días antes de la llamada, el Presidente de Estados Unidos había congelado $391 millones de dólares en ayuda destinada a Ucrania. En la transcripción no aparece ninguna discusión específica sobre ese dinero. Pero era el principal asunto pendiente entre ambos países.
Trump, en muchos sentidos, actúa con esa impunidad total que ha caracterizado a tantos presidentes y tiranos latinoamericanos. Transmite la sensación de que, no importa lo que haga, se va a salir con la suya. Más de tres décadas cubriendo regímenes corruptos y autoritarios en América Latina me han preparado bien para reportar sobre la presidencia de Trump.
Lo que Trump, realmente, le estaba preguntando a Zelenskiy era: ¿Qué basura le conoce usted a Biden? Eso, quizás, es normal y frecuente en otros países. Pero no en Estados Unidos. Las leyes electorales prohíben obtener cualquier cosa de valor de un extranjero, desde dinero hasta información, para ser utilizada en una votación.
Por eso la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, acusó a Trump de traicionar a su juramento al cargo e inició una investigación para su posible destitución. Todo, sin embargo, podría quedar en mero simbolismo. Es muy poco probable que los demócratas consigan en el Senado, controlado por los republicanos, los votos suficientes para hacerle un juicio político a Trump.
Pero dos cosas están muy claras: una, que los demócratas se decidieron a ir por Trump, ya sea por la vía legal o la electoral; y dos, que el país estará totalmente paralizado hasta las elecciones el 3 de noviembre del 2020. Esto apenas empieza.
Se pueden aprender muchas lecciones de todo esto. Pero resulta muy obvio que Trump no ha aprendido nada. Su llamada a Zelenskiy ocurrió un día — ¡sólo un día! — después que el fiscal especial, Robert Mueller, testificó en el Congreso sobre la interferencia rusa en las pasadas elecciones presidenciales. Es cierto que no se pudo probar que Trump conspiró con los rusos para vencer a Hillary Clinton. Pero el reporte Mueller sí confirma todo lo que hicieron los rusos — desde crear campañas digitales hasta dar a conocer miles de correos electrónicos de la campaña de Clinton — para ayudar a Trump. Y precisamente cuando el país estaba en alerta máxima para que algo así no volviera a ocurrir, Trump les pide ayuda a los ucranianos para su siguiente campaña electoral. No aprende.
Trump vive en su propia realidad. Antes de dar a conocer la transcripción, Trump dijo en un tuit: “Ya verán que fue una llamada muy amistosa y totalmente apropiada”. Trump insistió en que “no hubo presión” al Presidente de Ucrania y que los demócratas están entablando “la cacería de brujas más Grande y Destructiva de todos los tiempos”.
Esto no es normal. Los periodistas siempre nos equivocamos cuando tratamos de predecir las cosas, y con Trump tenemos un mal récord. Pero ahora el Presidente sabe que hay favores que salen muy caros.

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