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Divulgando la cultura en dos idiómas.

Los 57,194 Muertos y el Mal Humor en México – Columna Jorge Ramos




Ramos

“En México la suspicacia y la desconfianza son enfermedades colectivas”.
— Octavio Paz
Gerardo Andrés Jiménez, mesero de 33 años del restaurante Tamales Licha en la zona turística de Acapulco, estaba a punto de llevarle unas enchiladas a uno de sus clientes cuando, de pronto, una bala perdida le atravesó el corazón y lo mató, según informó el diario Reforma.
Horas después de las balaceras en Acapulco — que terminaron con la vida de este mesero y obligaron al cierre temporal de 3,800 establecimientos comerciales y unas 100 escuelas — el presidente de México, Enrique Peña Nieto, se preguntaba públicamente por qué hay tantos mexicanos que están de mal humor. Bueno, déjeme explicarle por qué.
“Se dice que no hay buen humor, que el ánimo está caído, que hay mal ambiente, un mal humor social”, se quejaba Peña Nieto en la apertura del Tianguis Turístico en Guadalajara. Mientras, a su lado, una niña mazahua bostezaba y se tapaba los ojos. “Esa niña es México”, observó con agudeza el periodista Javier Risco en Twitter (@jrisco). Y tiene razón.
A veces parecería que el Presidente no sabe lo que está pasando o hace como que no sabe. Por ejemplo, está promoviendo una campaña turística — “Viajemos Todos Por México” — en medio de una constante violencia e impunidad en el país. A mí también me encanta vacacionar en México y lo hago muy seguido. Pero hay zonas de Guerrero y Jalisco, por citar dos casos, a donde los mismos lugareños me han advertido que ni ellos se atreven a ir.
Peña Nieto está desconectado de la realidad del país. Los Pinos es su guarida verde donde le pintan todo color de rosa. Oigámoslo: “Hay muchas razones, muchos argumentos para decir que México está avanzando, que México está creciendo en distintos ámbitos”. Es cierto, pero no en el sentido que él quisiera: México está creciendo en el número de asesinatos, de secuestros y en casos de impunidad.
Aquí están las cifras oficiales:
En México han asesinado a 57,194 personas (homicidios dolosos) y secuestrado a 4,506 desde que Peña Nieto llegó al poder el 1 de diciembre del 2012 hasta el pasado 31 de marzo de este 2016. De seguir así, el sexenio de Peña Nieto podría ser incluso más violento que el de Felipe Calderón… en el que murieron 104,089 personas. (Aquí pueden ver las cifras de la propia Secretaría de Gobernación bit.ly/1KTkyif) Qué te maten o te secuestren a un familiar te pone de malas… el resto de tu vida.
El caso Ayotzinapa tampoco le sube los ánimos a nadie. Demuestra lo peor del gobierno de Peña Nieto. Por alguna extraña razón, Peña Nieto decidió ponerse del lado de los opresores y no de las víctimas. Nunca ha ido a Ayotzinapa y, en lugar de abrazar a los padres de los 43 estudiantes desaparecidos, los ha vuelto sus enemigos. En vez de explorar exactamente qué pasó, su gobierno obstruyó la investigación de expertos internacionales, les prohibió hablar con los militares acusados, torturó a detenidos y se inventó una “verdad histórica”. Peña Nieto, tristemente, ve el asunto de Ayotzinapa como un problema de relaciones públicas, no de derechos humanos y de justicia.
Si uno de mis hijos fuera de los 43 desaparecidos de Ayotzinapa o hubiera sido secuestrado o formara parte de esas terroríficas estadísticas oficiales, yo también estaría de muy mal humor. Pero el Presidente no lo puede ver. Cree, ilusamente, que lo criticamos porque alguien nos paga o por consigna ideológica. No; lo criticamos por incompetente. La percepción de muchos mexicanos es que estamos peor que en el 2012; el 66% tiene una opinión negativa de su presidencia, según la última encuesta de Reforma.
El presente “mal humor social”, como lo llama el Presidente, no es sólo por el estrepitoso fracaso en su lucha contra el crimen. También es por la corrupción que viene desde la Casa Blanca mexicana, por la devaluación del peso, porque no se crean suficientes buenos trabajos y porque sus políticos no asumen responsabilidad de casi nada. Muchos mexicanos están hartos.
Peña Nieto presumió en el Tianguis Turístico que la película “Spectre” de James Bond — filmada en parte en la capital — ayudó a proyectar la imagen de México. Quizás. Y es muy bueno que México esté entre los 10 principales destinos turísticos del planeta. Es cierto, es bellísimo. Pero la queja es que esa belleza que ven los turistas contrasta con una realidad muy violenta, injusta e incierta para millones de mexicanos.
¿Mal humor? Pregúntenle cómo se siente a la viuda y a los dos hijos del mesero que fue asesinado hace unos días en Acapulco. No es de risa.
(Jorge Ramos, periodista ganador del Emmy, es el principal director de noticias de Univision Network. Ramos, nacido en México, es autor de nueve libros de grandes ventas, el más reciente de los cuales es “A Country for All: An Immigrant Manifesto”).


Why Mexico Is in a Bad Mood

“In Mexico, suspicion and distrust are a collective illness.”
  — Octavio Paz
  On April 24, Gerardo Andres Jimenez, 33, a waiter at Tamales Licha in Acapulco’s tourist district, was about to serve an order of enchiladas when he was shot and killed. According to the newspaper Reforma, the stray bullet that struck Jimenez in the heart came from gunfire outside the restaurant.
  On this night of terror, multiple clashes broke out between federal police and heavily armed men linked to the drug cartels — a situation that has become dangerously common in recent years in Acapulco — and led to the temporary closure of some 3,800 of the city’s businesses and 100 schools.
  But a few hours after the firefight, Mexican President Enrique Peña Nieto was at a tourism fair in Guadalajara, lamenting the fact that so many Mexicans are in a “bad mood.”
  Let me explain why things are so grim.
  “They say that the [the country’s] in a bad mood … that the atmosphere is down,” Peña Nieto complained during a news conference in Guadalajara. On stage with him was a group of indigenous children. Cameras caught a young girl yawning and rubbing her eyes while the president spoke. “That girl is Mexico,” journalist Javier Risco tweeted.
  He’s right.
  Here was Peña Nieto promoting a campaign focused on boosting domestic tourism in Mexico … amid a wave of unspeakable violence. Sometimes it seems as though the president is asleep at the wheel, unaware of what’s happening in his own country and uninterested in discovering the truth.
  I love vacationing in Mexico, and I do it quite often. However, residents of both Guerrero (the state where Acapulco is located) and Jalisco (where the president was speaking) have warned me that there are places that they would not dare visit due to violence.
  Peña Nieto is simply disconnected from the country’s reality. The official presidential residence, Los Pinos, is his fortress of solitude — a place where everything looks rosy. As evidence, take his comments at the Guadalajara event: “There are many reasons why Mexico is moving forward, that Mexico is growing in different sectors, and one of them is tourism.”
  Unfortunately, what’s truly booming in Mexico is violent crime.
  Peña Nieto took office on Dec. 1, 2012. As of the end of March of this year, 57,194 people have been killed in Mexico. If this horrific pace continues, the six-year Peña Nieto administration will see even more violence than that of Felipe Calderon, in which 104,089 people were killed. (You can see the numbers from the Mexican Department of the Interior here: bit.ly/1KTkyif.)
  In addition, on the same day as the shootout in Acapulco, a second report was issued by the international commission investigating the case of 43 college students from Ayotzinapa who went missing in September 2014. The results didn’t do much to brighten Mexico’s mood. This tragedy and its aftermath illustrate the worst side of the Peña Nieto administration.
  According to investigators, some of the suspects who were arrested in the case may have been tortured. Additionally, investigators said that the government obstructed some of the commission’s work, preventing them, for example, from talking with members of the military who may have been involved in the disappearance of the students. Sadly, Peña Nieto considers the Ayotzinapa scandal to be a public relations issue, and not about human rights and justice.
  You’d be in a bad mood too if a relative or friend was among the 43 missing students — or among the other grim statistics. But Peña Nieto doesn’t see it this way. He thinks the media is to blame for Mexico’s bad mood. He naïvely believes that journalists who criticize him and his administration are aligned with the opposition, or that somebody is paying us off. No, we criticize him because he is incompetent.
  Most Mexicans feel that they are worse off now than in 2013. Sixty-six percent of them disapprove of the Peña Nieto administration, according to the latest poll by Reforma.
  But the current “bad mood” isn’t only connected to Peña Nieto’s defeats in his battle against crime. Many Mexicans are also fed up with the allegations of influence peddling at Los Pinos, the devaluation of the peso and the failure of the president’s aides to assume responsibility for failures on their watch.
  At the tourism fair, Peña Nieto boasted that the new James Bond film “Spectre” — which was partly filmed in Mexico City — helped to burnish the country’s image recently. Maybe that’s true. And it’s great that Mexico is included in the World Tourism Organization’s new list of top 10 destinations.
  Indeed, Mexico is a beautiful place. But the beauty that draws tourists is in stark contrast with the violent, unfair and uncertain reality that millions of Mexicans face.
  Why are people in a bad mood? Just ask the wife and two sons of the waiter who was killed in Acapulco. They have nothing to smile about.

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