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Divulgando la cultura en dos idiómas.

Las Casas de Sandra Cisneros – Columna Jorge Ramos




Ramos

Llegué a la entrevista con una pregunta. ¿Qué hace que una de las escritoras más reconocidas de Estados Unidos — una verdadera leyenda de la llamada literatura chicana — decida dejarlo todo e irse a vivir a México? Bueno, eso es exactamente lo que hizo Sandra Cisneros.
En 2013, a los 57 años de edad, Cisneros recogió sus cosas, cruzó la frontera — de norte a sur — y se fue a vivir a San Miguel de Allende, Guanajuato. “Me sentí más en mi casa, más feliz y más conectada a mi comunidad,” me contó. “Me siento muy segura ahí. Los vecinos te están vigilando. En Estados Unidos, mi temor era morir y que mis perritos me fueran a comer; que nadie me iba a encontrar hasta después de tres días. En México eso es imposible. Todos tocan la puerta — ‘¿Gas? ¿Agua? ¿Doñita?’” (Aquí está la entrevista de televisión con Cisneros: bit.ly/1RfSfgN.)
Las casas y las mudanzas han marcado la vida y los libros de Cisneros. Nació en Chicago, estudió en Iowa y luego se fue a dar clases a San Antonio. Pero en “Estados Unidos,” me dijo, “siempre me siento como una extranjera.” Eso, irónicamente, le ayudó a convertirse en la escritora que es.
“Encontré mi voz en el momento en que me di cuenta que era distinta”, escribió en su último libro, “A House of My Own.” “No quería sonar como mis compañeros de clase; no quería imitar a los escritores que estaba leyendo. Esas voces estaban bien para ellos pero no para mí.” De ese descubrimiento nació Esperanza, la protagonista de su famosa novela “La Casa de Mango Street.”
Esta es una lección esencial para cualquier joven escritor: “Empecé a dedicarme a esos temas de los que nadie más podía escribir.”
Y escribió sobre ella. “Yo soy la única hija en una familia de seis hermanos. Eso lo explica todo.” Pero luego, como toda buena escritora, fue profundizando.
Era la única hija en una familia mexicana. O, más bien, la única hija de un padre mexicano y de una madre mexicano-estadounidense. México estaba en su destino.
Así que Cisneros se llevó su escritura a México. Y sus experiencias también.
“He tenido la experiencia de los espíritus, de lo paranormal, que yo no sé cómo explicar,” me dijo, casi en confesión. “Así que yo no tengo fe; tengo experiencias de algo después de la muerte. No me asusta la muerte porque yo sé que hay algo más allá.”
Y luego me habló de su padre. “El amor existe mucho más allá de la muerte. Es muy bonito saber eso. Yo lo sé porque lo siento. Siento el amor de mi padre, que sigue amándome aún más allá. Quizás mi religión es el amor.”
Cuando Cisneros era niña, visitaba frecuentemente la casa de su abuelo paterno en la colonia Tepeyac de la Ciudad de México. Fue tantas veces ahí que hasta llegó a pensar que ese era su verdadero hogar. Pero en sus libros — y, sobre todo, conversando con ella — me he quedado con la impresión de que Cisneros sigue buscando su casa. Por eso se fue a vivir a México.
Al final de cuentas, Cisneros sabe que cambiarse de casa no va a resolver nada. Su verdadera casa no está en ningún lugar particular, sino en lo que escribe. “Encontré mi voz y mi hogar en la escritura. Y la escritura me la puedo llevar a cualquier país.”
Cisneros, sospecho, tiene todavía algunas mudanzas y libros en su vida. Lo único que quisiera pedirle es que nos invite a su próxima casa (donde quiera que esté).
Posdata de otra vivienda: En una entrevista televisiva, el Presidente de México, Enrique Peña Nieto, reconoció que su esposa había recibido “un favor” de su amigo Ricardo Pierdant y que, efectivamente, en una ocasión (2014) le había pagado los impuestos prediales de su apartamento en Key Biscayne, Florida. Fue un favor de más de $29 mil dólares. El presidente dice que ese dinero se reembolsó pero, para eso, tendríamos que creerle (y hay muchas cosas en que no le creo a Peña Nieto).
Además, no está claro por qué Pierdant le pagó los impuestos a Angélica Rivera si, como Univisión reportó, todo se podía haber hecho por internet. ¿Acaso Rivera, Peña Nieto o alguno de sus asistentes no pudieron hacer lo mismo desde México?
Lo que el Presidente presentó como una simple transacción entre amigos puede ser un acto ilegal. La Ley Federal de Responsabilidades de Funcionarios Públicos le prohíbe — Artículo 88 — alPresidente y a cualquier otro empleado del gobierno recibir servicios, beneficios o favores. Y si los reciben, entonces hay que reportarlos (Artículo 89). El Presidente y su esposa no lo hicieron.
Pero, no confío en la justicia mexicana para investigar al Presidente. El caso de la llamada Casa Blanca mexicana demostró la impunidad que reina en los más altos niveles gubernamentales. Lo sé: no va a pasar nada.
Lo más grave de todo es el terrible ejemplo ético que están dando el Presidente y su esposa. Su conducta no debería ser imitada por ningún funcionario público. Mi única esperanza es que, cuando haya un nuevo presidente, se investigue seriamente a Peña Nieto y a su esposa.
No se vale.
(Jorge Ramos, periodista ganador del Emmy, es el principal director de noticias de Univision Network. Ramos, nacido en México, es autor de nueve libros de grandes ventas, el más reciente de los cuales es “A Country for All: An Immigrant Manifesto”.)
(¿Tiene algún comentario o pregunta para Jorge Ramos? Envíe un correo electrónico a Jorge.Ramos@nytimes.com. Por favor incluya su nombre, ciudad y país.)


The Many Homes of Sandra Cisneros

What makes one of the most celebrated American writers — and a living legend of the Chicano literary genre — decide to pack up and move to Mexico?
“I feel more at home there; I feel more at ease,” Sandra Cisneros told me in an interview earlier this year. The 61-year old author moved to San Miguel de Allende, in the state of Guanajuato, three years ago. “I feel happier, and more connected with my community … I feel like all my neighbors are watching over me. In the United States, I was afraid that if I were to die my dogs would eat me — or that no one would find me for three days. But in Mexico, that’s impossible — people are always knocking on my door.”
Displacement has always been a central theme for Cisneros, in her life and books. Born in Chicago, she studied at the Iowa Writers’ Workshop, and eventually headed to San Antonio, Texas, to teach. But, she told me, “in the United States, I always felt like an outsider.” This sense of alienation helped her become the writer she is today.
“I found my voice the moment I realized I was different,” she explains in her most recent book, “A House of My Own: Stories From My Life.” As a young writer, Cisneros sought out a distinctive style of storytelling. “I didn’t want to sound like my classmates (in Iowa); I didn’t want to keep imitating the writers I’d been reading. Their voices were right for them, but not for me,” she writes. From that realization emerged Esperanza, the central character in Cisneros’ acclaimed 1984 novel, “The House on Mango Street.”
Cisneros recalled her development as a writer. “I started to focus on the topics nobody else could write about” — a vital lesson for any writer-to-be. She wrote about herself and her experiences in a Mexican-American family. “I am the only daughter in a family of six sons. That explains everything.”
She also wrote about Mexico, which has always been a part of her life, emotionally and spiritually. I asked about faith and whether she believed in an afterlife — prominent themes in her work. “I don’t have beliefs — I have experiences,” she told me. I’ve experienced the presence of spirits, of paranormal things that have happened to me, which I don’t know how to explain. So I don’t really have faith. I have experiences, and expectations that there’s something after death. … I know something exists beyond our lives.”
Then she spoke about her late father. “Love exists beyond death,” Cisneros said. “I feel my father’s love, who keeps loving me in the afterlife. Perhaps my religion is love.”
While growing up, Cisneros used to visit her paternal grandfather in Mexico City’s Tepeyac neighborhood. She went there so many times that she considered Mexico her home. But I have the feeling that she keeps looking for her real home, even after moving to Mexico.
For Cisneros, “home” is in no particular place — home is where she’s writing. “I found my voice and my home in writing,” she said. “And I can take my writing to any country.”
PS: Speaking of homes, in a recent interview, Mexican President Enrique Peña Nieto admitted that his wife, Angélica Rivera, had received a “favor” from an old friend, Ricardo Pierdant, who paid the property taxes on her apartment in Key Biscayne, Florida, for one year — a favor worth more $29,000. Peña Nieto said that he and his wife repaid Pierdant. I guess we need to take his word for it (although Peña Nieto says many things I don’t believe).
Peña Nieto has characterized this transaction as a simple matter between friends. But it’s still not clear why Pierdant was involved. If the first couple was having logistical trouble paying taxes on the apartment, Rivera — or any of the president’s aides in Mexico City — could have made arrangements to pay online, as Univision recently reported.
This favor could be illegal. Federal law forbids the president or any other government official from receiving services, benefits or favors. And if they do, they must report them publicly. The president and his wife didn’t report this transaction.
Still, I don’t trust the Mexican justice system to investigate the president. After all, the “Mexican White House” scandal demonstrated the impunity of this administration.
My only hope is that Mexico’s next president will conduct a serious investigation into Rivera’s and Peña Nieto’s dealings. It’s only fair.
(Jorge Ramos, an Emmy Award-winning journalist, is a news anchor on Univision and the host of “America With Jorge Ramos” on Fusion. Originally from Mexico and now based in Florida, Ramos is the author of several best-selling books. His latest is “Take a Stand: Lessons From Rebels.” Email him at jorge.ramos@nytimes.com.)

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