Divulgando la cultura en dos idiómas.

¿Por qué la conmoción de la graduación?

Editorial

La mayoría de los 3.3 millones de estudiantes graduándose de la preparatoria se ponen sus bonetes y togas ceremoniales y desfilan por los escenarios de la ceremonia para recibir sus diplomas. Para mediados de junio, unos 2.7 millones de graduados de colegios y universidades habrán tomado parte en la ceremonia de graduación otorgando diplomas de licenciatura, maestría y doctorado. La temporada de graduación 2016 se está cerrando poco a poco.
Los rituales y celebraciones tradicionales que conmemoran estos hechos memorables están a punto de cerrar. Con el término de las celebraciones, nuestros graduados de preparatoria y universidad pronto proseguirán en el verano y el futuro. Al haber cumplido sus metas académicas ganadas con duro trabajo, están enfocados en nuevos objetivos. Después de todo, la ceremonia marca un final así como un inicio.
Así que no se puede dejar de recalcar la importancia que tiene el valor de conmemorar con otros estos solemnes momentos cruciales –eventos importantes de la vida, tales como la ceremonia de graduación. La tradición y atavíos de estos rituales compartidos nos conectan unos a otros, y con el pasado así como el futuro. Manifestar y valorar de dónde venimos, nos coloca para ver hasta dónde pueden llevarnos nuestros esfuerzos. Mediante las tradiciones y rituales, expresamos nuestros valores como una sociedad, comunidad, como una familia y satisfacer una necesidad humana fundamental por la conexión y pertenencia y crédito por el logro ganado mediante el esfuerzo.
Es por eso que la indiferencia para celebrar la graduación es tanto confusa como desconcertante. Piensen en todo lo que representa un diploma de preparatoria o universidad. Primero que todo, llegar a kínder significa muchas, muchas etapas significativas.
De mínimo, tan solo asistir a la escuela significa que un niño ha aprendido a comunicarse comprensiblemente, ir al baño, caminar, vestirse, comer y seguir instrucciones.
Para cuando el estudiante completa exitosamente la preparatoria, él o ella habrían dedicado unas 2,200 horas en un salón de clases y unas 1,400 horas de tareas escolares. Durante esas horas en el salón de clases, el estudiante ha aprendido a apreciar y llevarse bien con por lo menos otras 400 personas. El estudiante ha aprendido a contar y resolver problemas matemáticos. Aprendió cómo leer y escribir, cómo organizar tareas, administrar el tiempo y cumplir con plazos. Cómo comportarse como un decente ser humano responsable y confiable. Cómo anticipar y planear para el futuro.
Un diploma no es solamente un pedazo de papel. Es la inversión de una vida, abrir las puertas de la oportunidad y unir el pasado y el futuro. Y de igual importancia, un diploma representa una tremenda inversión de tiempo – cerca del 67 por ciento de la vida de un estudiante – y energía y dinero. Es un símbolo de un cuerpo incalculable de conocimiento adquirido por el uso sostenido… todo merecedor de celebración.


Why the hoopla of graduation

By Clara Reyes

Most of the nation’s 3.3 million high school seniors have donned ceremonial caps and gowns and paraded across commencement stages to receive their diplomas. By mid-June, some 2.7 million college and university graduates will have also taken part in commencement rites conferring bachelors, masters and doctoral degrees. Graduation season 2016 is winding down.
The traditional rituals and celebrations commemorating these significant milestones will be drawing to a close. Celebrations over, our high school and college graduates will soon segue into summer and the future. Having met their hard-won academic goals, they’re on to new objectives. Commencement events, after all, mark an end as well as a beginning.
So the value of memorializing these solemn turning points – life’s landmark events, such as commencement – with others can’t be overstated.  The tradition and trappings of these shared rituals connect us to one another and to the past as well as the future. Professing and valuing where we’ve come from positions us to see where our efforts might take us. Through traditions and rituals, we articulate our values as a society, as a community, as a family and satisfy a fundamental human need for connection and belonging and credit for achievement won by effort.
That’s why indifference to celebrating graduation is both puzzling and disconcerting. Think of all a high school or college diploma represents. First of all, making it to kindergarten signifies many, many momentous milestones. At minimum, attending school signifies that a child has learned to communicate intelligibly, use the bathroom, walk, dress, eat and follow directions.
And by the time the student successfully completes high school, she or he will have devoted some 2,200 hours in a classroom and about 1,400 hours on homework. During those classroom hours, the student has learned to appreciate and get along with at least 400 other individuals. The student has learned how to count and solve math problems. How to read and write. How to organize tasks, manage time and meet deadlines. How to behave as a responsible, accountable, decent human being. How to anticipate and plan for the future.
A diploma isn’t merely a piece of paper. It’s a lifetime investment, opening doors of opportunity and bridging the past and future. And just as crucially, a diploma represents a tremendous outlay of time – about 67 percent of a student’s life — and energy and money. It’s a symbol for an incalculable body of knowledge acquired by sustained application … all worthy of celebration.

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