Divulgando la cultura en dos idiómas.

Catequesis de la fe con el padre Andrés: Dios habla y no hay quien le escuche

Queridos Lectores, ya hacía un tiempo que no escribía los artículos, pero ahora regreso con el ánimo de hablar de este tema que está muy de moda y que debemos explorar un poco más para dar una enseñanza que tanto se necesita.
El ruido, el ruido que es como el diario vivir que se empieza y no se termina porque hasta en la noches se escucha el sonido de las sirenas tanto de la policía, como de las ambulancias de servicio médico y/o de las unidades de bomberos; pero ahondemos más un poco en el tema diciendo que nuestra sociedad se ha circundado y se seguirá llenando de más ruidos, que no nos dejan verdaderamente interiorizar lo que somos y para lo que fuimos creados.
Dios nos quiere hablar por medio del silencio y el tiempo de reflexión, pero nuestro tiempo para escuchar la voz de Dios se ha sofocado por los ruidos consistentes de ambiente que nos rodea a cada uno de nosotros; ambientes donde la música, la televisión, el celular, los niños llorando, el sonido de los carros etc. hay ruido en todo lado, y ese ruido nos hace aumentar el estrés, porque no nos deja focalizarnos en nosotros mismo, en nuestras metas, en nuestro encuentro personal con Dios. Antes las familias tenían tiempo para la oración en familia, desde el inicio del día, con una oración de ofrecimiento por la jornada que comenzaba, luego en las diferentes horas de la comida, que aunque no estuvieran en ese momento todos juntos, la oración ya se había convertido en un habito que no se podía perder aun estando en otros cirulos a los que a diario pertenecemos aparte de la familia. Luego al regresar a casa en el tiempo de la cena que era un tiempo apropiado para dar un reporte individual a la familia del como habían pasado el día en sus respectivos compromisos, fueran escolares o laborales; pero el ruido nos ha llevado a tomar diferente rumbo, unos en el teléfono celular, ya sea escuchando música y haciendo otra cosa diferente como jugando en línea o simplemente chateando con el o la amiga, el papá y la mamá, también en otras cosas diferentes y no les queda tiempo ya ni de preparar una comida formal, el ruido nos ha sofocado, pero la pregunta es: ¿Qué podemos hacer? ¿Dónde y cuándo escucharemos la voz de Dios para que nos guie y saque del estrés y la depresión en la que el mundo nos tiene sumidos?
¿Debemos consultar al psicólogo, al psiquiatra, al que lee la mano, al que sabe el futuro, o quizás tomar unas pastillas formuladas para quitar la ansiedad y la fatiga que me trae el efecto del ruido diario en mi vida? Pues antes estas preguntas la respuesta es simple, pues debemos dedicarle tiempo a Dios y a la familia, como antes lo hacíamos, dedicándole tiempo a Dios, no sólo yendo a misa dominical, o asistiendo a un grupo de la iglesia, sino que debemos ponernos en oración constante, y recordar que la oración el método por el cual el corazón sencillo entra en dialogo y comunicación con Dios que le ha creado, y que desea hablarle al corazón, o como lo dice el profeta Oseas: “Por tanto, he aquí, la seduciré, la llevaré al desierto, y le hablaré al corazón. Le daré sus viñas desde allí, y el valle de Acor por puerta de esperanza. Y allí cantará como en los días de su juventud, como en el día en que subió de la tierra de Egipto”, estas bellas palabras nos muestran que en el silencio podemos reconcentrarnos con Dios que nos tiene una palabra de esperanza, para demostrarnos que junto a El, o con El, vamos a encontrar la respuesta eso que el mundo nos ha sumido y que nos muestra que no hay salida, donde la cultura de la muerte es el prototipo para el ruido circundante, donde a causa de esta plaga han aumentado los suicidios, la eutanasia, el aborto, el homicidio, los robos, el consumo de la droga, la pornografía, la explotación humana en diferentes niveles y edades, a donde llegaremos?
Esto quiere decir que no hemos escuchado a Dios porque nos hemos sumido en un mar de ruido, donde lo que prevalece y lo que es cierto es lo que es proclamado por el mundo en sus diferentes medios para convencer que Dios no existe, y que si existe no debemos dejarle hablar. Todo porque le creemos más al ruido de la subjetividad, que a la verdad de la objetividad que es desde siempre la que ha demostrado la verdad a toda costa. Bueno sólo queda decir que nos dejemos llevar al desierto de Dios para que el nos hable al corazón y nos diga lo mucho que nos quiere, y así poder alcanzar la paz interior que es la que cada uno deberíamos buscar y vivir en vez de buscar la paz exterior, que no se dará si no escuchamos la voz de Dios en nuestro interior. DIOS ES LA RESPUESTA AL RUIDO DE LA VIDA. DEJA QUE TE HABLE.

Padre Andrés Moreno, Parroquia San Antonio – Kansas City Missouri

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