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Divulgando la cultura en dos idiómas.

Jorge Ramos: Debatiendo los Debates




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Nunca antes hemos tenido dos candidatos presidenciales tan impopulares en Estados Unidos. Así que los próximos tres debates entre Hillary Clinton y Donald Trump serán para ver a cuál de los dos rechazan menos los votantes.
La indignación y enojo que ha generado Trump está ampliamente documentado: Ha comparado a mujeres con animales; ha llamado criminales y violadores a inmigrantes; ha propuesto discriminar a millones de musulmanes sólo por su religión; ha ofendido a personas con discapacidades físicas; ha dicho que el calentamiento global es un invento de los chinos; y por años se negó a reconocer que el presidente Obama había nacido en Estados Unidos.
En el país que es sinónimo del capitalismo, un empresario multimillonario no nos quiere decir cuánto ha pagado de impuestos. La excusa es que le están haciendo una auditoría. Sin embargo, cualquier votante desde el este de Los Ángeles hasta Hialeah en la Florida debería saber si ha pagado un mayor porcentaje de impuestos que Trump.
Hillary Clinton, por su parte, ha tenido tos y un problema de credibilidad. Las encuestas dicen que mucha gente no le cree. ¿Por qué? Porque sospechan que borrar miles de correos electrónicos de un servidor privado es para esconder algo. Y porque tomar decisiones simultáneamente en el Departamento de Estado y en la Fundación Clinton pudo haber generado conflictos de interés.
Lo de la tos, causada por una neumonía, le puede pasar a cualquiera. Pero ¿por qué el retraso de varios días en informar el diagnóstico a la prensa? ¿Será esa su misma manera de operar en la Casa Blanca?
No estoy muy seguro que en los debates obtendremos respuestas a todas nuestras preguntas para ambos candidatos. Pero, sí espero que quede claro quién puede liderar la nación más poderosa del mundo en un momento de tanta división interna.
Yo, personalmente, quiero ver los debates para entender qué es lo que quieren hacer con los 11 millones de inmigrantes indocumentados. Sólo les adelanto algo: Esos inmigrantes son ya parte de nuestra economía y de nuestra sociedad, y no se van a ir voluntariamente. Están aquí porque hay miles de empresas que los contratan y porque hay millones de personas que se benefician de su trabajo.
Sólo veremos a dos candidatos debatir — pero me hubiera gustado que fueran cuatro. Es una pena que en el primer debate presidencial no incluirán al candidato del partido Libertario, Gary Johnson, y a la candidata del partido Verde, Jill Stein. He organizado foros con Johnson y con Stein y, sin duda, tienen ideas que nunca escucharíamos de Clinton y de Trump. Son una verdadera tercera opción, y es difícil entender por qué la Comisión de Debates Presidenciales, en una campaña electoral única como esta, no fue más flexible en su regla de sólo aceptar a candidatos que tuvieran un 15% de apoyo en un promedio de encuestas. Todos perdemos.
Por último, tengo gran admiración por todos los periodistas que participarán como moderadores en los tres debates presidenciales y en el vicepresidencial. Sé que están bajo enorme presión. Pero espero que entiendan que su rol, en esta ocasión, es muy distinto al de otros debates presidenciales.
El moderador que sólo planteaba temas y luego se distanciaba para que los candidatos dijeran cualquier cosa es una forma muy vieja de hacer periodismo. En esta ocasión los moderadores deben asumirse, antes que nada, como periodistas, no como policías de tránsito; activos y participantes, no pasivos y pacientes; haciendo las preguntas que nosotros los telespectadores quisiéramos hacer.
Les pido a los moderadores, por favor, que tomen partido. No, no por algún candidato, sino que tomen partido por la audiencia y por los votantes. Es el periodismo como servicio público. Están obligados a hacer preguntas duras e incómodas, a corregir a los candidatos si mienten, a presionarlos si no quieren contestar y a evitar que tiren rollos llenos de generalidades. Al final, si las dos campañas se quejan del moderador, será la mejor señal de que hicieron bien su trabajo.
Cualquiera de los dos candidatos puede ganar la Casa Blanca. Hay mucho en juego. Los debates son la última prueba de fuego. El mundo, no exagero, estará debatiendo los debates.


Debating the Debates

In the modern era, we’ve never had two presidential candidates who were so unpopular among voters. So the coming three debates between Democrat Hillary Clinton and Republican Donald Trump will be quite telling. Whom will voters end up disliking less?
Trump has generated anger and outrage throughout his campaign. He has been called out for making misogynistic comments and for likening Mexican immigrants to criminals and rapists. He has proposed banning Muslims from entering the U.S. on the basis of religion, mocked a reporter with a physical disability and claimed that climate change is a hoax. And let’s not forget that for years he refused to acknowledge that President Obama was born in the U.S.
The billionaire real estate mogul also refuses to release his tax returns for public scrutiny. His excuse is that he’s under audit. But voters from California to Florida should know whether they paid a higher tax rate than Trump.
Clinton’s issues center lately on coughs and credibility. People have trouble trusting her, the polls say. Why did Clinton erase thousands of emails from a private server? Did she have something to hide? Additionally, her campaign has been dogged by suspicions about conflicts of interest between the Clinton Foundation and the State Department when she was secretary of state.
The cough thing, due to a bout of pneumonia, could happen to anyone, but why did she delay admitting that she was ill for several days? If Clinton was elected, would such evasions be standard operating procedure at the White House?
I doubt whether we’ll get answers to all of our lingering questions about Trump and Clinton. But I expect that the debates will clarify who’s the best person to lead the world’s most powerful nation in this time of great division.
Personally, I’m eager to hear how the candidates plan to deal with the 11 million undocumented immigrants living in the U.S. These immigrants are part of our economy and society, and they won’t leave willingly. They’re here because thousands of companies are hiring them, and millions of people are benefiting from their work.
The first debate, on Sept. 26, will feature just two candidates — but I wish that there were four. It’s a shame that neither Gary Johnson, the Libertarian candidate, nor the Green Party’s Jill Stein will be on stage. I’ve recently organized forums with Johnson and Stein, and they have ideas that we’d likely never hear from Clinton or Trump. Their candidacies are a real third option, and it’s hard to understand why the Commission on Presidential Debates, in a fractious electoral cycle like this one, wasn’t more flexible about admitting only candidates who have at least 15% of voter support in the polls.
I have to say I greatly admire the journalists who will participate as moderators in the three presidential debates and one vice-presidential debate. I know they’re under tremendous pressure — and I hope they understand that this time their role is quite different than in the past.
It used to be that moderators raised topics, then distanced themselves to allow the candidates to say whatever they wanted. But no more. Today’s moderators should be what they are: journalists. They should be active and reactive, not passive and patient.
I’d advise the moderators to take a side — not with the candidates, but with the voters. These debates should be journalism as a public service. The moderators should ask tough questions, point out inaccuracies or discrepancies, and pressure candidates if they speak without answering the questions.
If both campaigns complain about the debates’ moderators, we’ll know they did a good job.
The presidential stakes are especially high this year, and not just in the U.S. The debates are the ultimate litmus test to determine whether a candidate is ready to be commander in chief. I’m not exaggerating when I say the entire world will be watching and debating the debates.

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