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Divulgando la cultura en dos idiómas.

Un Muro de Vergüenza

Durante los peores años de la Guerra Fría, el Muro de Berlín fue conocido en el mundo de habla hispana como el Muro de la Vergüenza. En 1963, el presidente Kennedy, en un memorable discurso dijo: “el muro es una ofensa no solamente contra la historia, sino una ofensa contra la humanidad, separar familias, dividir esposos y esposas y hermanos y hermanas, y dividir a un pueblo que desea estar unido”.
Otro presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en un error histórico memorable, pretende construir otro Muro de Vergüenza a lo largo de 1,900 millas en la frontera entre Estados Unidos y México.
Este desperdicio que nos costaría a todos nosotros más de $20,000 millones tiene el objetivo de terminar con la inmigración de indocumentados en Estados Unidos, aunque la migración neta entre ambos países iguala a cero. De hecho, el Pew Research Center concluyó en un estudio del 2015, que un número mayor de mexicanos estaban abandonando Estados Unidos, que ingresando.
Este Muro de Vergüenza no solamente es innecesario, sino también es un desastre ambiental, económico y humanitario; y las barreras ya construidas a lo largo de más de 650 millas de la frontera están allí para probarlo.
El muro existente actúa como una presa que facilita la inundación, tal como la inundación en Nogales Arizona, y Nogales México, la cual causó muerte y devastación en ambos lados de la frontera.
El daño económico del muro también sería profundo. Unos 6 millones de empleos en Estados Unidos dependen del comercio con México.
Una idea indignante de Trump es imponer una tarifa en todas las importaciones provenientes de México para financiar la construcción de este muro. Pero quienes lo pagarían serían los consumidores en Estados Unidos, incluyendo quienes votaron por Trump. Ésos mismos votantes justifican la operación militar de Trump de hacer redadas de trabajadores indocumentados principalmente latinos diciendo que ellos están robándose  sus empleos.
La verdad es que los inmigrantes indocumentados aceptan afanosamente trabajos que rechazan los trabajadores de Estados Unidos. Y la operación militar intensificada de Trump amenaza la seguridad económica del país. De acuerdo con un estudio del Departamento Nacional de Investigación Económica, deportar a todos los trabajadores indocumentados le costaría al país $3 trillones en un período de 10 años.
La crisis de la inmigración no será resuelta convirtiendo en chivos expiatorios a los trabajadores indocumentados. La solución ambiental, económica y moral depende de una reforma de inmigración completa, con un camino hacia la ciudadanía para 11 millones de personas que sufren el abuso de malas personas y la furia xenofóbica de Trump.
La reputación de nuestro país como una nación civilizada está en riesgo.

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A wall of shame

Courtesy of the Sierra Club
During the worst years of the Cold War, the Berlin Wall was known in the Spanish-speaking world as the Wall of Shame. And in 1963, President Kennedy, in a memorable speech, said: “The Wall is an offense not only against history, but an offense against humanity, separating families, dividing husbands and wives, and brothers and sisters and dividing a people who wish to be joined together.”
Another U.S. president, Donald Trump, in a memorable historic error, is pretending to build another Wall of Shame along the 1,900 miles of the US-Mexico border.
This boondoggle that would cost us all more than $20 billion aims at ending undocumented immigration in the United States, even though net migration between both countries equals zero. In fact, the Pew Research Center concluded in a 2015 study that more Mexicans were leaving the United States than entering.
This Wall of Shame is not only unnecessary, but also an environmental, economic and humanitarian disaster. And the barriers already built along more than 650 miles of the border are there to prove it.
The existing wall acts as a dam that facilitates flooding, such as the flooding in Nogales, Ariz.; and Nogales, Mexico, which caused death and devastation on both sides of the border.
The wall’s economic damage also could be profound. About 6 million jobs in the United States depend on trade with Mexico.
An outrageous Trump idea is to impose a tariff on all imports from Mexico to finance the building of his wall. But those who would pay for it would be U.S. consumers, including Trump voters. Those same voters justify Trump’s military operation of rounding up mostly Latino undocumented workers by saying they’re stealing their jobs.
The truth is, undocumented immigrants enthusiastically accept jobs that repel U.S. workers. And Trump’s intensifying military operation threatens the country’s economic security. According to a study by the National Bureau of Economic Research, deporting all undocumented workers would cost the country $3 trillion over 10 years.
The immigration crisis won’t be solved by scapegoating undocumented workers. The environmental, economic and moral solution lies in comprehensive immigration reform, with a path to citizenship for 11 million people who suffer the abuse of polluters – and Trump’s xenophobic wrath.
At stake is our country’s reputation as a civilized nation.

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