Divulgando la cultura en dos idiómas.

Hispanic Hauntings: La Llorona

By Tere Siqueira

Note: As the golden hues of October set the stage for Halloween- and Dia de los Muertos-themed, spine-chilling tales and remembrances, few stories capture the season’s essence like the age-old legend of “La Llorona” (“The Weeping Woman” in English).
Woven into the cultural tapestry of countless generations, this tale resonates with people because of its themes of lost love and unending sorrow. Kicking off our series of traditional Hispanic legends, we at Dos Mundos delve into the mournful cries and eerie shadows cast by this timeless tale:

Once upon a time, in a village nestled between rolling hills and a meandering river, there was beautiful woman named Maria. With raven-black hair, captivating eyes and a voice that could soothe even the most troubled soul, Maria was the pride of her village. Her beauty was well-known, and she attracted the attention of many suitors.
One day, a wealthy nobleman traveling through the village saw Maria. He was immediately entranced by her beauty and grace. With his elegant attire, a fine horse and tales of distant lands, he easily won Maria’s heart. The two fell deeply in love, and after a whirlwind courtship, married with grand celebrations.
The two were blessed with two children. For a time, their life seemed perfect. But as time passed, the nobleman’s heart and attention began to stray. Often, he was away from home, citing business in distant towns. Maria felt increasingly sidelined, her beauty overshadowed by loneliness and abandonment.
One fateful afternoon, while Maria was walking with her children by the riverbank, she saw her husband’s carriage approach. Her heart filled with joy, hoping for a loving reunion. But her happiness was short-lived.
Maria saw her husband accompanied by a young, elegant woman, laughing and chatting. Crushed by the weight of betrayal, Maria snapped.
In a blind rage, Maria took her children, and with tears streaming down her face, she threw them into the roaring river. By the time the veil of anger had lifted and the gravity of her actions had dawned upon her, it was too late. The children were gone.
Devastated and unable to live with her actions, Maria wailed and screamed. Her cries echoed through the valley. With her dress flowing behind her like a ghostly shadow, she plunged into the river, hoping to join her children in death.
But death did not bring Maria the peace she so desperately sought. Her spirit was condemned to wander the Earth, trapped in a state of perpetual lament. She became known as “La Llorona.” On silent nights near rivers and lakes, people claim to hear Maria’s sorrowful cries, endlessly calling out for her children.
“Mis hijos! Mis hijos!” she wails.
It’s said that Maria mistakes wandering children for her own and tries to snatch them away, hoping to give them the love she failed to provide in life. Thus, parents warn their children not to venture out after dark near water, lest La Llorona mistake them for her own.


Leyendas Hispanas: La Leyenda de ‘La Llorona’

Nota: Mientras los tonos dorados de octubre preparan el escenario para cuentos escalofriantes y relatos relacionados con Halloween y el Día de los Muertos, pocas historias capturan la esencia de la temporada como la antigua leyenda de “La Llorona”.
Incorporada en el tapiz cultural de innumerables generaciones, esta historia resuena con la gente debido a sus temas de amor perdido y un dolor interminable. Iniciando nuestra serie de leyendas hispanas tradicionales, nosotros en Dos Mundos nos adentramos en los lamentos y sombras espeluznantes proyectadas por este relato eterno:

Había una vez, en un pueblo localizado entre colinas ondulantes y un río serpenteante, una hermosa mujer llamada María. Con cabello negro como el cuervo, ojos cautivadores y una voz que podía calmar incluso al alma más turbada, María era el orgullo de su pueblo. Su belleza era bien conocida lo que atrajo la atención de muchos pretendientes.
Un día, un noble adinerado que viajaba por el pueblo vio a María. Quedó inmediatamente hechizado por su belleza y gracia. Con su elegante atuendo, un fino caballo y relatos de tierras lejanas, fácilmente conquistó el corazón de la mujer. Ambos se enamoraron profundamente y, después de un breve cortejo, se casaron con grandes celebraciones.
Fueron bendecidos con dos hijos. Por un tiempo, su vida parecía perfecta. Pero con el tiempo, el corazón y la atención del noble comenzaron a divagar. A menudo, se ausentaba de casa, mencionando negocios en pueblos distantes. María se sentía cada vez más marginada, su belleza eclipsada por la soledad y el abandono.
Una desafortunada tarde, mientras María caminaba con sus hijos junto al río, vio acercarse el carruaje de su esposo. Su corazón se llenó de alegría, esperando un reencuentro amoroso. Pero su felicidad fue efímera.
María vio a su esposo acompañado de una joven y elegante mujer, riendo y charlando. Aplastada por el peso de la traición, María perdió la razón.
En un arrebato de ira, María tomó a sus hijos y, con lágrimas recorriendo su rostro, los arrojó al río embravecido. Cuando la nube de ira se disipó y se dio cuenta de la magnitud de sus acciones, ya era demasiado tarde. Los niños habían desaparecido.
Devastada e incapaz de vivir con lo que había hecho, María lloró y gritó. Sus gritos resonaron por el valle. Con su vestido fluyendo detrás de ella como una sombra fantasmal, se sumergió en el río, esperando unirse a sus hijos en la muerte.
Pero la muerte no le dio a María la paz que buscaba desesperadamente. Su espíritu fue condenado a vagar por la Tierra, atrapada en un estado de lamento perpetuo. Se convirtió en “La Llorona”. En noches silenciosas cerca de ríos y lagos, la gente dice escuchar los llantos dolorosos de María, llamando sin cesar a sus hijos.
«¡Mis hijos! ¡Mis hijos!” lamenta.
Se dice que María confunde a otros niños con los suyos y trata de llevárselos, esperando darles el amor que no pudo proporcionarles en vida. Por eso, los padres advierten a sus hijos que no salgan después del anochecer cerca del agua, no vaya a ser que La Llorona los confunda con los suyos.

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