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Divulgando la cultura en dos idiómas.

Casi Una Traición – By Jorge Ramos




Ramos

Creo que los hijos de inmigrantes tienen una doble responsabilidad: primero, cuidar a sus padres y, segundo, proteger a otros inmigrantes como si fueran sus padres. Esta ha sido una noble tradición estadounidense por más de dos siglos. Por eso no hay nada más triste y traicionero que querer cerrarles las puertas a los inmigrantes que vienen detrás de nosotros. Pero eso es precisamente lo que están haciendo algunos candidatos presidenciales en Estados Unidos.
Nunca antes habíamos visto a tantos hijos de inmigrantes buscando la Casa Blanca. Eso habla muy bien del país: En una sola generación, se puede pasar de hijo de inmigrante a presidente de Estados Unidos.
Estos son los hijos de inmigrantes buscando la presidencia de Estados Unidos: Donald Trump, cuya madre nació en Escocia; Marco Rubio, de padre y madre nacidos en Cuba; Ted Cruz, nacido en Canadá, de padre cubano; y el Demócrata, Bernie Sanders, cuyo padre era de Polonia. (Bobby Jindal, cuyos padres nacieron en la India, ya se retiró de la contienda.)
Todos ellos vivieron en carne propia lo que es crecer en una casa con distintos acentos y con al menos un padre o una madre aprendiendo las reglas y costumbres del país adoptivo. Pero lo que más me llama la atención es que, a pesar de tener a tantos hijos de inmigrantes como candidatos presidenciales, esta campaña por la Casa Blanca ha estado marcada por duros ataques contra los inmigrantes. Y los atentados terroristas en París y San Bernardino sólo han reforzado los discursos xenofóbicos en Estados Unidos.
Casi todos los candidatos le han llamado alguna vez “ilegales” a los indocumentados, muchos apoyan la idea de extender un muro en la frontera con México, Trump acusó a inmigrantes mexicanos de ser criminales y violadores, y la mayoría de los candidatos Republicanos — en contraste con los tres aspirantes Demócratas — se opone a la idea de un camino a la ciudadanía para los 11 millones de indocumentados.
Es incomprensible, para muchos hispanos, la actitud contra los indocumentados que han tomado los dos candidatos latinos, los senadores cubanoamericanos Marco Rubio y Ted Cruz. Los dos rompieron una costumbre de décadas en que los políticos hispanos a nivel nacional, independientemente de su origen, siempre defendían a los inmigrantes más vulnerables. Vean, por dar unos ejemplos, cómo han defendido a los indocumentados los Demócratas puertorriqueños Luis Gutiérrez y Nydia Velázquez, y los Republicanos cubanoamericanos Ileana Ros-Lehtinen y los hermanos Lincoln y Mario Díaz-Balart.
“Nadie de todos los que buscan la Casa Blanca sabe más de inmigración que yo,” dijo con razón Rubio en un reciente discurso en New Hampshire. Por eso sorprende que en su último debate presidencial, Rubio y Cruz se pelearan por ver quién se oponía más a la legalización de indocumentados. En pocas palabras, no quieren darles a los nuevos inmigrantes las mismas oportunidades que tuvieron sus padres.
No, los votantes latinos no votarán por un candidato sólo porque es latino. Al contrario, les van a exigir más. Les van a exigir que cuiden de los nuevos inmigrantes de la misma manera en que alguien cuidó de sus padres. Alguien, sin duda, les tendió la mano a sus padres para conseguir un empleo y sus papeles para trabajar. Alguien les enseñó a pronunciar correctamente el inglés. Alguien los invitó a comer.
Yo recuerdo con especial cariño cuando mi director de noticias, Pete Moraga, y su familia me invitaron a su casa para mi primera cena de Acción de Gracias en Los Ángeles. Prácticamente me adoptaron y me instruyeron con paciencia en los rituales estadounidenses y en el lento cocimiento del pavo. ¿Cómo no agradecerle a los Moraga su ayuda cuando yo más la necesitaba? Los inmigrantes nunca olvidamos a los que nos ayudan. Nunca.
Soy un inmigrante, llegué a este país hace 33 años, Estados Unidos ha sido extraordinariamente generoso conmigo y, por lo tanto, argumento y peleo porque los inmigrantes que llegaron después de mí tengan las mismas oportunidades y sean tratados con el mismo respeto que yo recibí. Por eso no entiendo cuando inmigrantes o hijos de inmigrantes atacan a los que llegaron un poco más tarde.
No hay mayor deslealtad con los suyos que cuando los hijos de inmigrantes son malagradecidos y olvidan su origen. Es casi una traición.
(Jorge Ramos, periodista ganador del Emmy, es el principal director de noticias de Univisión Network. Ramos, nacido en México, es autor de nueve libros de grandes ventas, el más reciente de los cuales es “A Country for All: An Immigrant Manifesto.”)
(¿Tiene algun comentario o pregunta para Jorge Ramos? Envie un correo electrónico a Jorge.Ramos@nytimes.com. Por favor incluya su nombre, ciudad y país.)

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Turning Your Back on Immigrants Is a Betrayal

By Jorge Ramos

The children of immigrants in America tend to take on two responsibilities: They care for their immigrant parents, and they care for other immigrants as if they were their own parents. That has been a noble American tradition for over two centuries. Few things are sadder or more treacherous than closing the door to immigrants who came after us, which is what some U.S. presidential candidates want to do.
  We’ve never seen so many sons of immigrants running for president. Republican candidate Donald Trump’s mother was born in Scotland. Marco Rubio’s parents were born in Cuba. Ted Cruz’s father is also from Cuba. Democrat Bernie Sanders’ father is from Poland. The parents of Republican Bobby Jindal, who dropped out of the race, are from India. All of these candidates know firsthand what it’s like to live in a house where at least one parent has had to adapt to the culture and rules of a new country.
  Nonetheless the current campaign cycle has been characterized by Republicans’ harsh attacks on immigrants. The terror attacks in Paris and San Bernardino, California, have only heightened the xenophobic discourse in the United States.
  Almost every GOP candidate has labeled undocumented immigrants “illegal,” and some of them support the idea of building a wall along the southern border with Mexico. Trump famously characterized Mexican immigrants as criminals and rapists. And most of the Republican candidates, in contrast to the three Democratic hopefuls, are opposed to offering a pathway to citizenship for the 11 million undocumented immigrants currently living in the U.S.
  Of course, most incomprehensible for many Hispanics is that the campaign’s two Latino candidates, Marco Rubio and Ted Cruz, have taken such a harsh stance against immigrants who are here simply because they’re doing the jobs that Americans won’t do. Both Rubio and Cruz have broken a decadeslong tradition in which Hispanic politicians, no matter their family origins or political affiliations, tended to defend the most vulnerable immigrants in this country. As evidence, look at how Luis Gutierrez and Nydia Velazquez, Democratic representatives from Puerto Rico, or Cuban-American Republican lawmakers Ileana Ros-Lehtinen and brothers Lincoln and Mario Diaz-Balart have defended the undocumented in the past.
  Apparently that legacy no longer applies.
  “No one running for president knows more about immigration than me,” Rubio recently said during a speech in New Hampshire. Yet Rubio and Cruz are struggling to see who can demonstrate the harshest opposition to offering undocumented immigrants a path to citizenship. Simply put: Rubio and Cruz don’t want new immigrants to have the same opportunities that their own parents had.
  Of course, the fact that a candidate is Latino doesn’t mean that Latino voters will automatically vote for him. On the contrary, Latinos actually demand more from a Latino candidate. But we also know that at some point somebody looked out for that candidate’s immigrant parents. Someone helped them get jobs. Someone taught them how to pronounce words in English correctly.
  I myself am an immigrant. I arrived in this country 33 years ago, and I fondly remember when Pete Moraga, my news editor, invited me to his home to celebrate my first Thanksgiving with his family in Los Angeles. I remember how they patiently taught me about the American traditions associated with this holiday. Immigrants never forget those who helped us. Never.
  The United States has been extremely generous toward me, which is why I continue to argue that more recent immigrants should have the same opportunities and be treated with the same respect that I received.
  I simply don’t understand why immigrants or the children of immigrants tend to attack those who arrived a little later. There is no greater disloyalty than the children of immigrants forgetting their own roots. That’s a betrayal.
  (Jorge Ramos, an Emmy Award-winning journalist, is the host of Fusion’s new television news show, “America With Jorge Ramos,” and is a news anchor on the Univision Network. Originally from Mexico and now based in Florida, Ramos is the author of nine best-selling books, most recently, “A Country for All: An Immigrant Manifesto.” Email him at jorge.ramos@nytimes.com.)

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