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Detengamos el tránsito mortal para los centroamericanos

Editorial by Clara Reyes

Una crisiClaras humanitaria crítica en nuestros estados fronterizos del sur exige la cooperación de los líderes de Centroamérica y Norteamérica.

A lo largo de la frontera entre México-Estados Unidos, un fuego incontrolado de inmigración indocumentada está ardiendo. Está alimentado por la pobreza generalizada y la violencia de las pandillas y del narcotráfico en Centroamérica. Así como por los rumores difundidos por los traficantes de personas, o coyotes, de que a los niños que llegan a EE.UU. se les permitirá quedarse.

Desde octubre del 2013, los agentes de la Patrulla Fronteriza estadounidense han arrestado a más de 116,000 inmigrantes que cruzan ilegalmente al país. Muchas son familias con niños pequeños; y alrededor de 57,000 han sido jóvenes no acompañados. Muchos son de El Salvador, Guatemala y Honduras. Han hecho el viaje peligroso de más o menos 1,000 millas a través de México hacia el territorio de EE.UU. a pie o en autobús a través de poblados rústicos y calles secundarias para evitar los puestos de control y bloqueos de carreteras. Algunos han arriesgado ir al norte en camiones llenos de gente, calientes y sin aire o saltando a “La Bestia”, un tren de carga que retumba al norte a través de México desde Arriaga en Chiapas.

Se estima que hasta 400,000 migrantes centroamericanos al año entran a México de manera ilegal. Algunos se quedan en el país; pero la mayoría ponen sus ojos en EE.UU. o Canadá.

Imágenes de los inmigrantes que desbordan la parte superior de La Bestia, el “tren de la muerte” han sido captadas y ampliamente publicadas por las organizaciones de noticias y grupos de ayuda y humanitarios. Los accidentes son comunes. Pasajeros frecuentemente caen del techo del tren y son mutiladas o fatalmente heridos. Descarrilamientos suelen enviar a los vagones revolcando desde las vías, dejando a los pasajeros aislados, o peor. Y los desventurados encima de los vagones a menudo salen disparados a lo largo del camino.

Todos los caminos de América Central a América del Norte son peligrosos. A cada paso del recorrido peligroso, los migrantes son víctimas de despiadados traficantes humanos, de drogas y armas, de pandillas delictivas y de funcionarios corruptos exigiendo sobornos.

Esta migración ilegal endémica requiere que EE.UU., México, El Salvador, Guatemala y Honduras colaboren para frener inmediatamente la oleada de migrantes de Centroamérica y que luego aborden las causas subyacentes. Cada país debe asegurar sus propias fronteras e informar a sus ciudadanos que, contrariamente a los rumores, a los inmigrantes ilegales no se les permite permanecer en EE.UU. México debe poner fin a la práctica de conseguir un viaje en la parte superior de los vagones del tren.

Una vez que el éxodo centroamericano disminuya, entonces la pobreza y la violencia de pandillas y de drogas que lo ocasionan se podrán afrontar.

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Halt deadly transit for Central Americans

critical humanitarian crisis in our southern border states demands cooperation from the leaders of Central and North America. 

Along the U.S.-Mexican border, a wildfire of undocumented immigration is burning out of control. It’s fueled by rampant poverty and gang and drug violence in Central America and rumors spread by human smugglers – or coyotes – that children who reach the United States will be allowed to stay. 

Since October 2013, U.S. Border Patrol agents have arrested more than 116,000 immigrants crossing illegally into the country. Many are families with small children, and about 57,000 have been unaccompanied youths. Many are from El Salvador, Guatemala and Honduras. They’ve made the perilous 1,000-mile-or-so trek through Mexico to U.S. territory on foot or by bus through backwoods and over back roads to avoid checkpoints and roadblocks. Some have risked riding north in crowded, hot, airless trucks or by hopping “La Bestia,” a cargo train that rumbles north through Mexico from Arriaga in Chiapas. 

It’s estimated that up to 400,000 Central American migrants a year enter Mexico illegally. Some stay there. Most set their sights on the United States or Canada.   

Images of immigrants overflowing the top of La Bestia – the “Train of Death” – have been captured and widely publicized by news organizations and aid and humanitarian groups. Accidents are commonplace. Riders frequently topple off the train roof and are maimed or fatally injured. Derailments often send railcars tumbling from the tracks, stranding riders – or worse. And the hapless riders atop railcars are often shot at along the way. 

All courses from Central to North America are dangerous. At every step of the hazardous journey, the migrants are prey to vicious human, drug and gun traffickers, criminal gangs and corrupt officials demanding bribes.

This endemic illegal migration requires that the United States, Mexico, El Salvador, Guatemala and Honduras cooperatively and immediately curb the Central American migrant surge and then address the underlying causes. Each country must secure its own borders and inform its citizens that, contrary to rumors, illegal immigrants won’t be allowed to stay in the United States. Mexico must halt the practice of hitching a ride atop railcars. 

Once the Central American exodus declines, then the poverty and gang and drug violence driving it can be tackled.

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