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Divulgando la cultura en dos idiómas.

Propósitos, propósitos, propósitos

Sí están motivados durante las agitadas horas de la Nochevieja o inspirados por la percepción de un año nuevo y tienen una pizarra en blanco, las personas suelen hacer propósitos de Año Nuevo.
Sin embargo, si les preguntas, se vuelve evidente que no muchas personas se apegan a ellos. Aunque en realidad quieren hacerlo. Entonces, ¿cómo se logra?
Según la Asociación Americana de Psicología (APA), debes comenzar con poco, cambiar un hábito a la vez, platicarlo con otras personas y no sentirte mal si no lo logras.
“La perfección es inalcanzable. Recuerda que los pequeños errores en el camino a alcanzar tus metas están bien y son completamente normales”, afirma la APA en su sitio web. “No te rindas por completo porque comiste un brownie y rompiste tu dieta o no fuiste al gimnasio en una semana por estar ocupado.”
La APA también aconseja que busques ayuda en otros.
“Aceptar la ayuda de aquellos que se preocupan por ti y escucharlos fortalece tu capacidad de recuperación y de manejar el estrés causado por tu propósito”.
Curiosamente, de acuerdo al diccionario americano New Oxford, “resolución” (propósito) deriva del verbo latín “resolvere”, que significa “desatar, liberar». Tal vez es la sensación de desatarnos y liberarnos lo que atrae a esta antigua práctica. Es tan antiguo, que de hecho los babilonios – civilización que apareció en el actual Irak, alrededor del año 2000 a.C. – podrían haber sido las primeras personas en hacer propósitos, según un artículo de history.com.
Mirando de manera más profunda, el mes de enero también es importante. Pues el mismo diccionario nos informa que “Enero” proviene de Janus, “el dios romano que presidía las puertas y los comienzos”. El guardián de las puertas y caminos, Janus “suele estar representado con dos caras, de modo que mira hacia adelante y hacia atrás.”
Al estar en la puerta de un año nuevo y mirar hacia adelante y hacia atrás como Janus, ¿qué decidirás hacer en el 2017? ¿Y cómo lograrás realizarlo?

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Resolutions, resolutions, resolutions

Commentary by Nicholas Peterson
Whether they’re motivated during the effervescent final hours of New Year’s Eve or inspired by the perception of a new year and a blank slate, people like to make New Year’s resolutions.
If you ask around, however, it quickly becomes evident that not many people stick to them. But they want to. So how does one do it?
According to the American Psychological Association (APA), start small, change one behavior at a time, discuss it with others and don’t beat yourself up.
“Perfection is unattainable. Remember that minor missteps when reaching your goals are completely normal and O.K.,” the APA states on its website. “Don’t give up completely because you ate a brownie and broke your diet or skipped the gym for a week because you were busy.”
The APA also advises that you reach out to others.  
“Accepting help from those who care about you and will listen strengthens your resilience and ability to manage stress caused by your resolution,” it states.
Interestingly, “resolution” derives from the Latin verb “resolvere,” meaning “to loosen, to release,” according to the New Oxford American Dictionary. Perhaps it’s the sense of loosening and release that attracts us to this ancient practice. So ancient, in fact, that the Babylonians – the civilization that appeared circa 2000 B.C. in modern day Iraq – might’ve been the first people to make resolutions, according to a history.com article.
Looking deeper, the month of January also holds significance. The same dictionary informs us that “January” comes from Janus, “the Roman god who presided over doors and beginnings.” The guardian of gates and doorways, Janus is “usually represented with two faces, so that he looks both forward and backward.”
As you stand at the gate of another new year and look forward and backward like Janus, what will you resolve to do in 2017? And how will you resolve to stick to it?

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